No hay que confundir Florencia con una ciudad acogedora; Florencia rechaza al recién llegado con un duro pinchazo en el costado, una mirada helada. Solo hay que mirar atentamente la fachada del Duomo para descubrir, a la derecha de las puertas de la derecha, un ángel haciendo un gesto ofensivo: con el brazo derecho doblado y el puño cerrado, y la mano izquierda reposando sobre el bíceps derecho diciendo: “Vaffanculo!”.
La llegada no suele ser fácil. El viento en el aeropuerto es tan fuerte que a menudo hay que desviar los vuelos… [...] Los hoteles suelen ser caros y casi siempre hay que reservar con antelación. [...] La mayoría de los restaurantes suelen ser malos…[...] Los despojos figuran de un modo destacado en el menú. [...] La Cucina Fiorentina requiere estómago en todos los sentidos. [...] El tiempo suele ser terrible… [...] En verano el aire es sofocante, afoso… [...] El invierno no es mucho mejor, ya que el viento lleva en sus manos heladas todo tipo de exóticas e indocumentadas variedades de gripe hasta la ciudad.
(p.21)
De Florencia, de David Leavitt. Altaïr viajes. Ediciones Península.
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