"No sé por qué esta ciudad es considerada bella por excelencia; lo es, pero sin superioridad alguna sobre Bolonia, y poca sobre Ferrara, y está sin comparación posible por debajo de Venecia."
A la segona visita canviarà d'opinió.
"En fin, confesé que hay razones para que a Florencia se le llame la bella."
A: Diario de viaje a Italia por Suiza y Alemania en 1580 y 1581, de Michel de Montaigne. Edició i Traducció de Santiago R. Santerbás. Cátedra. Letras universales. P. 190 i 322
Quadern de viatges, textos breus, impressions de llocs, records, literatura de viatges i grans viatgers.
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dimarts, 2 de juliol del 2013
Cortesanes de Florència, segons Montaigne
Aquel día fui solo, por entretenimiento, a ver las mujeres que se dejan ver por quien quiere. Vi a las más famosas: nada de especial. Los alojamientos están reunidos en un barrio particular de la ciudad, y, al igual que dicho barrio, son despreciables, y además míseros, y no se parecen en nada a los de las putas romanas o venecianas: ni tampoco ellas mismas en belleza, gracia o dignidad. Si alguna quiere instalarse fuera de estos límites, es preciso que sea poco conocida y que ejerza algún oficio para disimular.
Vi las tiendas de los hiladores de seda, con ciertos instrumentos que haciéndolos girar una sola mujer, con un solo movimiento hacer torcer y girar quinientos husos.
El martes por la mañana expulsé una piedrecita roja.
[I divendres continua]
Así como las putas romanas i venecianas se ponen en las ventanas para atraer a sus amantes, así estas en las puertas de sus casas, donde se muestran al público a horas convenientes; y allí se las ve, a unas con más y a otras con menos compañía, hablando y cantando en la calle, en corrillos.
A: Diario de viaje a Italia por Suiza y Alemania en 1580 y 1581, de Michel de Montaigne. Edició i Traducció de Santiago R. Santerbás. Cátedra. Letras universales. P. 322
Vi las tiendas de los hiladores de seda, con ciertos instrumentos que haciéndolos girar una sola mujer, con un solo movimiento hacer torcer y girar quinientos husos.
El martes por la mañana expulsé una piedrecita roja.
[I divendres continua]
Así como las putas romanas i venecianas se ponen en las ventanas para atraer a sus amantes, así estas en las puertas de sus casas, donde se muestran al público a horas convenientes; y allí se las ve, a unas con más y a otras con menos compañía, hablando y cantando en la calle, en corrillos.
A: Diario de viaje a Italia por Suiza y Alemania en 1580 y 1581, de Michel de Montaigne. Edició i Traducció de Santiago R. Santerbás. Cátedra. Letras universales. P. 322
dimarts, 4 de setembre del 2012
Massa art a Itàlia!
Tal vez no haya
en toda Italia una sola pintura o escultura que no pueda cubrirse sin problema
con una montaña de papel impreso dedicado a estudios sobre ella. Así que no me
extenderé en detalles sobre los cuadros y las estatuas célebres, pese a
considerarme un sincero admirador de la pintura y la escultura.
A: Estampas de Italia, de Charles Dickens. Traducció Ángela Pérez. Alba Editorial.
A: Estampas de Italia, de Charles Dickens. Traducció Ángela Pérez. Alba Editorial.
L'atracció de Florència segons David Leavitt
Quins són els motius que fan atractiu Florència?
"Florencia no es una “gran” ciudad en ningun sentido de la palabra y ese ha sido siempre parte de su encanto." (p.29)
"La promesa de un destino, rayando por un lado en lo erótico y por otro en lo artístico, parece haber estado ligada desde siempre a Florencia en la imaginación del extranjero, arrastrándole hacia la ciudad no solo para que pueda ver, sino para que pueda ser o convertirse en algo más de lo que es." (p.39)
Potser per això la podia fer atractiva per als suicides: "Florencia siempre ha sido un destino popular para los suicidas", els homosexuals: "La reputación de Florencia como caldo de cultivo sodomita viene de lejos", i els artistes.
"Florencia es la única ciudad europea que se me ocurre en la que la mayor parte de los ciudadanos famosos, al menos durante los últimos ciento cincuenta años más o menos, han sido extranjeros." (p.26)
I David Leavitt descriu la nombrosa colònia d’anglesos, artistes de tota mena, o no, que durant 150 anys viuen més o menys temps a Florència: Scott Mancrieff, Harold Acton, Louisa Ramé, Janet Ros, Henry Somernet, Ronald Firbank… Alguns van sofrir “el destino típico de muchos otros angloforentinos, que acabaron siendo más conocidos por la gente a la que trataron que por nada de lo que hubieran hecho por sí mismos.”
De Florencia, de David Leavitt. Altaïr viajes. Ediciones Península.
"Florencia no es una “gran” ciudad en ningun sentido de la palabra y ese ha sido siempre parte de su encanto." (p.29)
"La promesa de un destino, rayando por un lado en lo erótico y por otro en lo artístico, parece haber estado ligada desde siempre a Florencia en la imaginación del extranjero, arrastrándole hacia la ciudad no solo para que pueda ver, sino para que pueda ser o convertirse en algo más de lo que es." (p.39)
Potser per això la podia fer atractiva per als suicides: "Florencia siempre ha sido un destino popular para los suicidas", els homosexuals: "La reputación de Florencia como caldo de cultivo sodomita viene de lejos", i els artistes.
"Florencia es la única ciudad europea que se me ocurre en la que la mayor parte de los ciudadanos famosos, al menos durante los últimos ciento cincuenta años más o menos, han sido extranjeros." (p.26)
I David Leavitt descriu la nombrosa colònia d’anglesos, artistes de tota mena, o no, que durant 150 anys viuen més o menys temps a Florència: Scott Mancrieff, Harold Acton, Louisa Ramé, Janet Ros, Henry Somernet, Ronald Firbank… Alguns van sofrir “el destino típico de muchos otros angloforentinos, que acabaron siendo más conocidos por la gente a la que trataron que por nada de lo que hubieran hecho por sí mismos.”
De Florencia, de David Leavitt. Altaïr viajes. Ediciones Península.
Lectures pendents de Florència
- Sembla imprescindible: Florence: The Biography of a City, de Christopher Hibbert. Viking, 1993
- La novel.la: Una habitación con vistas, d’E. M. Forster
- Els textos sobre Itàlia d’Henry James a Italian Hours
- Amb caràcter literari, “malhumorat i dogmàtic”, però interessant: Piedras de Florencia, de Mary McCarthy. Mondadori, 1988
dissabte, 11 d’agost del 2012
La Florència de David Leavitt
No hay que confundir Florencia con una ciudad acogedora; Florencia rechaza al recién llegado con un duro pinchazo en el costado, una mirada helada. Solo hay que mirar atentamente la fachada del Duomo para descubrir, a la derecha de las puertas de la derecha, un ángel haciendo un gesto ofensivo: con el brazo derecho doblado y el puño cerrado, y la mano izquierda reposando sobre el bíceps derecho diciendo: “Vaffanculo!”.
La llegada no suele ser fácil. El viento en el aeropuerto es tan fuerte que a menudo hay que desviar los vuelos… [...] Los hoteles suelen ser caros y casi siempre hay que reservar con antelación. [...] La mayoría de los restaurantes suelen ser malos…[...] Los despojos figuran de un modo destacado en el menú. [...] La Cucina Fiorentina requiere estómago en todos los sentidos. [...] El tiempo suele ser terrible… [...] En verano el aire es sofocante, afoso… [...] El invierno no es mucho mejor, ya que el viento lleva en sus manos heladas todo tipo de exóticas e indocumentadas variedades de gripe hasta la ciudad.
(p.21)
De Florencia, de David Leavitt. Altaïr viajes. Ediciones Península.
La llegada no suele ser fácil. El viento en el aeropuerto es tan fuerte que a menudo hay que desviar los vuelos… [...] Los hoteles suelen ser caros y casi siempre hay que reservar con antelación. [...] La mayoría de los restaurantes suelen ser malos…[...] Los despojos figuran de un modo destacado en el menú. [...] La Cucina Fiorentina requiere estómago en todos los sentidos. [...] El tiempo suele ser terrible… [...] En verano el aire es sofocante, afoso… [...] El invierno no es mucho mejor, ya que el viento lleva en sus manos heladas todo tipo de exóticas e indocumentadas variedades de gripe hasta la ciudad.
(p.21)
De Florencia, de David Leavitt. Altaïr viajes. Ediciones Península.
La gent de Fondi, segons Charles Dickens
Tomad nota de Fondi, en nombre de todo lo deleznable y mísero.
¿Son gente ceñuda y de mejillas hundidas! Todos mendigos; pero eso no es nada. Fijaos en ellos cuando se acercan. Algunos son demasiado indolentes para bajar las escaleras, o tal vez sea que recelan juiciosamente y no se atreven a aventurarse por ellas, así que se limitan a tender las manos huesudas por las ventanas dando alaridos; otros acuden en tropel, peleándose, empujándose y pidiendo sin cesar limosna por amor de Dios, limosna por amor de la santísima Virgen, por amor de todos los santos. Un grupo de pobres niños casi desnudos que vociferan lo mismo descubren su reflejo en el barnizado del coche y se ponen a bailar y a hacer muecas para disfrutar viendo sus payasadas repetidas en el espejo. Un tonto tullido se fija de pronto en su réplica enfadada en el panel cuando intenta pegar a uno de ellos que ahoga su clamorosa petición, y se interrumpe, saca la lengua y empieza a mover la cabeza y a parlotear. El alarido que provoca eso despierta a media docena de criaturas salvajes envueltas en capas pardas harapientas que están en la escalinata de la iglesia con ollas y pucheros para vender. Se levantan, se acercan y claman con actitud desafiante:
-Tengo hambre. Dame algo. Escúchame, señor, ¡tengo hambre!
Una mujer cadavérica aparece entonces corriendo renqueante calle abajo como si temiera llegar tarde, tendiendo una mano y rascándose continuamente con la otra mientras grita mucho antes de que puedan oírla:
-¡Limosna, limosna! ¡si me das una limosna iré a rezar por ti ahora mismo, hermosa señora!
Por último, pasan apresuradamente los miembros de una cofradía que da sepultura a los difuntos: llevan máscaras horrendas y túnicas raídas, descoloridas en los bajos por las salpicaduras de muchos inviernos; les acompañan un sacerdote sucio y otro parecido que lleva la cruz. Salimos de Fondi rodeados de tan variopinta concurrencia, y seguidos por miradas feroces en la oscuridad de cada vivienda destartalada cual relumbrantes fragmentos de su putrefacción e inmundicia.
A: Estampas de Italia, de Charles Dickens. Traducció Ángela Pérez. Alba Editorial.
¿Son gente ceñuda y de mejillas hundidas! Todos mendigos; pero eso no es nada. Fijaos en ellos cuando se acercan. Algunos son demasiado indolentes para bajar las escaleras, o tal vez sea que recelan juiciosamente y no se atreven a aventurarse por ellas, así que se limitan a tender las manos huesudas por las ventanas dando alaridos; otros acuden en tropel, peleándose, empujándose y pidiendo sin cesar limosna por amor de Dios, limosna por amor de la santísima Virgen, por amor de todos los santos. Un grupo de pobres niños casi desnudos que vociferan lo mismo descubren su reflejo en el barnizado del coche y se ponen a bailar y a hacer muecas para disfrutar viendo sus payasadas repetidas en el espejo. Un tonto tullido se fija de pronto en su réplica enfadada en el panel cuando intenta pegar a uno de ellos que ahoga su clamorosa petición, y se interrumpe, saca la lengua y empieza a mover la cabeza y a parlotear. El alarido que provoca eso despierta a media docena de criaturas salvajes envueltas en capas pardas harapientas que están en la escalinata de la iglesia con ollas y pucheros para vender. Se levantan, se acercan y claman con actitud desafiante:
-Tengo hambre. Dame algo. Escúchame, señor, ¡tengo hambre!
Una mujer cadavérica aparece entonces corriendo renqueante calle abajo como si temiera llegar tarde, tendiendo una mano y rascándose continuamente con la otra mientras grita mucho antes de que puedan oírla:
-¡Limosna, limosna! ¡si me das una limosna iré a rezar por ti ahora mismo, hermosa señora!
Por último, pasan apresuradamente los miembros de una cofradía que da sepultura a los difuntos: llevan máscaras horrendas y túnicas raídas, descoloridas en los bajos por las salpicaduras de muchos inviernos; les acompañan un sacerdote sucio y otro parecido que lleva la cruz. Salimos de Fondi rodeados de tan variopinta concurrencia, y seguidos por miradas feroces en la oscuridad de cada vivienda destartalada cual relumbrantes fragmentos de su putrefacción e inmundicia.
A: Estampas de Italia, de Charles Dickens. Traducció Ángela Pérez. Alba Editorial.
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dimecres, 8 d’agost del 2012
El ponte Vecchio, segons Charles Dickens
El ponte Vecchio es el más encantador de los cuatro puentes antiguos que cruzan el río el que está lleno de joyerías y talleres de orfebres-. Han dejado en el centro el espacio de una casa, y aparece al fondo la vista como si estuviera enmarcada; y esa preciosa visión del cielo y el agua y los espléndidos edificios brillando en el tropel de tejados y hastiales en el puente es bellísima. La galería del Gran Duque cruza el río sobre ella. La construyeron para unir los dos grandes palacios mediante un pasadizo secreto; y sigue su cauteloso curso entre las calles y las casas con verdadero despotismo: yendo donde se le antoja y eliminando todos los obstáculos a su paso.
A: Estampas de Italia, de Charles Dickens. Traducció Ángela Pérez. Alba Editorial.
A: Estampas de Italia, de Charles Dickens. Traducció Ángela Pérez. Alba Editorial.
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La Florència de Charles Dickens
Las calles de la bella Florencia son de una perfección austera y sombría; y las moles de los edificios antiguos proyectan tal cúmulo de sombras sobre el suelo y en el río, que siempre existe otra ciudad diferente de fantasías y formas espléndidas tendida a nuestros pies. Palacios prodigiosos, construidos para la defensa, con pequeñas ventanas recelosas enrejadas y muros de gran grosor formados por enormes masas de piedra sin pulir, miran ceñudos todas las calles con su antigua dignidad huraña.
A: Estampas de Italia, de Charles Dickens. Traducció Ángela Pérez. Alba Editorial.
A: Estampas de Italia, de Charles Dickens. Traducció Ángela Pérez. Alba Editorial.
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El David de Miquel Ángel, segons David Leavitt
Ninguna imagen en la historia del arte occidental, con la posible excepción de la Mona Lisa, ha sido reproducida tantas veces como el David de Miguel Ángel. En Florencia, especialmente, sus doppelgängers proliferan: la copia de mármol de Luigi Arighetti en la Piazza della Signoria, la copia de bronce de Clemente Papi en el Piazzale Michelangelo, por no mencionar las réplicas industriales de escayola, de plástico, de latón o incluso de ónix (un David negro) que se venden en las tiendas de regalos de la ciudad, una de las cuales se llama, precisamente, David’s Shop. Una copia de la estatua monta guardia en la puerta de la sauna gay de Florencia, como en muchas otras saunas gay de Europa. Fuera del Palazzo Vecchio, los vendedores de postales comercian con cualquier imagen concebible del David, además de delantales con su torso impreso, ropa interior ilustrada con su entrepierna, postales en las que él y el gordo Baco de los jardines de Boboli aparecen yuxtapuestos bajo el titular “Antes y después”, y, en lo que tal vez sea el ejemplo más vulgar, primeros planos de sus genitales, algunos de ellos con gafas de sol apoyadas sobre el vello púbico y las palabras “¡Guau! ¡Florencia!” en la parte superior.
A: Florencia, de David Leavitt. Altaïr viajes. Ediciones Península (p.97)
A: Florencia, de David Leavitt. Altaïr viajes. Ediciones Península (p.97)
La síndrome d’Stendhal, segons David Leavitt
En 1989, Graziella Magherini, una psiquiatra que trabajaba en el hospital de Santa Maria Nuova, había observado tantos casos de extranjeros desplomándose casi literalmente bajo el peso de tanto arte que etiquetó el fenómeno como síndrome de Stendhal, inspirándose en un episodio del diario del novelista en el que este recordaba haber sufrido palpitaciones y una sensación de mareo durante una visita a la basílica de la Santa Croce en 1817. “J’étais dejà dans une sorte d’extase –escribió Stendhal- par l’idée d’être à Florence, et le voisinage des grand hommes dont je veneais de voir les tombeaux. Absorbé dans la contemplation de la beauté sublime, je la voyais de près, je la touchais pour ainsi dire. J’étais arrivé à ce point émotion où se recontrent les sensations célestes données par les beaux-arts et les sentiments passionnés. En sortant de Santa Croce, j’avais un battement de coeur…; la vie était épuisée chez moi, je marchais avec la crainte de tomber”.
A: Florencia, de David Leavitt. Altaïr viajes. Ediciones Península (p.32)
A: Florencia, de David Leavitt. Altaïr viajes. Ediciones Península (p.32)
Piazza della Signoria, segons David Leavitt
Si el mejor momento para contemplar la piazza es a primera hora de la mañana, justo después del amanecer, el mejor modo de llegar hasta ella es desde el río: se sube por Lungarno Archibusieri, se gira a la derecha y, de repente, al final del largo pasillo de los Uffizi, abriéndose como un par de fórceps, ahí está, ahí la tienes. Uno se queda parado, humilde, en el centro del mundo. La piazza te examina. Al igual que la Pensione Simi (el primer alojamiento de Foster, en 1901), tiene residentes permanentes. Junto al Palazzo Vecchio, Neptuno se remoja en una fuente, que tan pronto está encendida como apagada. La imitación del David se alza inmóvil, y sus largos dedos rezuman gotas de Eros. Hércules golpea al derrotado Caco. Pocas plaza en el mundo poseen un ambiente tan cargado de acontecimientos históricos. [...] En la actualidad, el moho cubre las pantorrillas de Neptuno. El moho es el pie de atleta de la Historia. La piazza es la sala de baño del tiempo, donde los dioses y los héroes se exhiben desnudos, muestran sus gigantescos genitales, alardean de sus conquistas y enseñan sus trofeos. No es un lugar para las mujeres. Las mujeres que asoman entre el resto de las estatuas lo hacen como fantasmas de la histeria o el deseo masculinos. [...] Una herma, medio humana medio árbol, es la chica de calendario de la plaza. Su gran hoja negra de higuera atrae la atención hacia sí como un punto de fuga, su intento de huir de la lujuria incita justamente a aquello que pretende repeler. [...]
De noche la impresión es aún mayor. [...]A esta hora, la visión de Neptuno, de su resbaladiza humedad blanca, basta para despertar el deseo. Mirándole, uno acaba por comprender por qué los escultores luchaban por conseguir el mármol blanco de Carrara. Uno desea quitarse los zapatos, pasear por la fuente, rasgar el musgo de sus flancos con las uñas.
A: Florencia, de David Leavitt. Altaïr viajes. Ediciones Península (P.33)
De noche la impresión es aún mayor. [...]A esta hora, la visión de Neptuno, de su resbaladiza humedad blanca, basta para despertar el deseo. Mirándole, uno acaba por comprender por qué los escultores luchaban por conseguir el mármol blanco de Carrara. Uno desea quitarse los zapatos, pasear por la fuente, rasgar el musgo de sus flancos con las uñas.
A: Florencia, de David Leavitt. Altaïr viajes. Ediciones Península (P.33)
dilluns, 9 de juliol del 2012
Aeroporto Galileo Galilei, de Pisa
El vol de Barcelona a Pisa dura uns noranta minuts. El nostre avió, però, fa més de tres hores que dóna voltes per damunt de l'aeroport. Diuen que hi fan obres. M'agrada volar, però al final començo a estar tip de fer voltes i més voltes. Quan, finalment, l'avió aterra no es veuen les obres per enlloc.
dilluns, 5 de setembre del 2011
Galleria degli Uffizi
És el primer cop que porto a A. en cadira de rodes. El fet em trasbalsa força. Sembla, però, que a ella no. Em costa saber quines sensacions té. Faig una foto refectits en un mirall.
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