Tot i la sensibilitat que Ramón Jiménez li reconeix en el pròleg "com a explorador de l'ànima, la manera de sentir i de viure dels africans", algunes de les seves observacions no deixen de fer-nos somriure.
Algunes observacions d'antropología física...
"La circulación de la sangre se verifica en los vengas con más lentitud que en los europeos.
El dedo pulgar del pie es más abierto, la planta más chata, el juego de los dedos más libre, tanto que con ellos recogen del suelo todos los objetos.
La vista la tienen más desarrollada que nosotros; su alcance, su poder de penetración es mayor, pero nosotros tenemos mayor poder de resolución.
El anciano europeo dobla primero el cuello y después la cintura; el anciano africano dobla primero las piernas por las rodillas, después la cintura y muy rara vez la cabeza.
El ombligo en el europeo es pequeño y, en general, entrante; en el negro es grande y, en general, prominente.
El pecho es más convexo que en el europeo.
El pene es más largo y más delgado en el africano. El acto del coito es de mayor duración.
El africano apenas tiene mucosidades en las narices; rara vez expectora; la tos es casi desconocida; escupe poco y siempre arrojando la saliva por uno de los ángulos de la boca; silba poco y mal; inclina los objetos cuando quiere mirarlos con detención; sube las escaleras de costado; permanece en cuclillas con más comodidad que sentado; no pasea nunca por placer; amigo del canto y del baile es un hablador sempiterno que posee el lenguaje de la acción y de la mímica con una soltura tal que envidiarían muchos de nuestros oradores.
El europeo apunta o señala con el dedo índice; el africano lo hace con los labios.
La obesidad es rara entre los habitantes del país del Muni; el albinismo existe.
El europeo afirma bajando la cabeza y cerrando los ojos; el africano abre los ojos y levanta la cabeza para afirmar."
I d'antropologia cultural...
"El país regado por el Muni y sus afluentes se halla poblado por varias tribus que llevan el nombre de vengas, valengues, vicos, bijas, itemus, bundemus, dibues, sekianis, pamues, etc.
Están distribuidas en pequeñas aldeas habitadas generalmente por varias familias que obedecen un jefe.
Las autoridades que se conocen en el país son:
1.º Rey de tribu, cuya jurisdicción varía mucho, pues la ejerce sobre un pueblo o muchos pueblos.
2.º Jefe de pueblo, con atribuciones de mando sobre el pueblo que habita.
3.º Propietarios del terreno del pueblo.
4.º Jefe de familia.
5.º Hijo mayor.
La tribu en África está constituida por gentes de la misma raza, que hablan el mismo idioma y tienen las mismas costumbres y, sobre todo, los mismos bailes.
El gobierno de estas tribus, encomendado generalmente a varios reyes cuya soberanía disminuye a medida que aumenta la distancia de los pueblos sobre los que la ejerce, no puede decirse que es despótico ni absoluto.
El rey no puede disponer a su antojo porque se encuentra coartado por el consejo de ancianos en los asuntos generales y por el jefe de familia en los asuntos interiores o particulares de la familia.
Es muy común que la opinión del rey no tenga eco entre los súbditos y éstos se impongan a su primer jefe en la mayoría de los casos.
Si un hombre de la tribu comete una falta, el castigarla corresponde al jefe de su familia, sea padre o hermano mayor.
La dignidad real no es hereditaria. Sucede generalmente que el hijo mayor del rey hereda el cargo a la muerte de su padre en los pueblos pequeños, pero no es raro en las aldeas populosas elegir a la muerte de un rey otro nuevo que pertenece a familia distinta.
En algunos casos la elección recae en una mujer que generalmente es fetichera y sacerdotisa. Ésta es una prueba de que estos hombres no consideran a sus compañeras como cosas sino como dignas amigas a las que galantemente conceden los mismos derechos que ellos tienen.
La poligamia existe como puede existir en otros lugares; pero es preciso advertir, y en esto no se ocupan otros viajeros, que el negro no tiene más que una mujer a la cual quiere y desea y varias criadas a las cuales no las ama pero las desea o las ha deseado, porque el deseo tiene su fin en el hastío."
África. Un español en el golfo de Guinea de Manuel Iradier. Las mil y unas voces, viajes y aventuras. Mondadori. p.193 i següents