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diumenge, 7 de febrer del 2021

La Roma de Joachim du Bellay

 Nouveau venu, qui cherches Rome en Rome

Nouveau venu, qui cherches Rome en Rome
Et rien de Rome en Rome n'aperçois,
Ces vieux palais, ces vieux arcs que tu vois,
Et ces vieux murs, c'est ce que Rome on nomme.

Vois quel orgueil, quelle ruine : et comme
Celle qui mit le monde sous ses lois,
Pour dompter tout, se dompta quelquefois,
Et devint proie au temps, qui tout consomme.

Rome de Rome est le seul monument,
Et Rome Rome a vaincu seulement.
Le Tibre seul, qui vers la mer s'enfuit,

Reste de Rome. O mondaine inconstance !
Ce qui est ferme, est par le temps détruit,
Et ce qui fuit, au temps fait résistance.

 

De Les antiquités de Rome.


 

No pienses, Robertet, que esta Roma de ahora...*
                                                               
No pienses, Robertet, que esta Roma de ahora
es aquella otra Roma que te placía tanto.
No dan crédito ya, como solían darlo,
ni se hace ya el amor como entonces se hacía.

Ni paz ni bonanza gobiernan ya aquí,
la música y la danza han debido pararse,
corrompido está el aire, y es Marte quien manda,
la turbación, la pena y el hambre cada día.

El corrompido artesano ha cerrado su tienda,
el ocioso abogado abandonó el oficio,
y el pobre mercader lleva solo talega:

No ves sino soldados, morrión a la cabeza,
sólo tambores oyes o parejo estruendo,
y Roma cada día espera otro saqueo.

De Les Regrets. Versión de Luis Antonio de Villena. Visor 1985

 

*Florimond Robertet, Barón de Alluye. Cortesano francés, amigo de Do Bellay y de Ronsard. Se sabe que estuvo en Roma -al menos- en 1555.

divendres, 10 de gener del 2014

Roma i la gran bellesa

Busquem tota la vida la gran bellesa, però què és la gran bellesa? Potser és la suma de tots els petits moments? Dels quals ara ja en tinc una bona llista. O potser és simplement la vida mateixa? També és veritat que buscar la gran bellesa a la ciutat de Roma és fer una  mica de trampa, oi?

He reconegut Roma, he intuït Roma, m’he imaginat Roma. Però també he reconegut la decepció davant de la futilitat de la vida i del seu imminent final. És a dir, Roma.

La grande bellezza, de Paolo Sorrentino. Protagonista: Toni Servillo. (2013)

dijous, 15 d’agost del 2013

La terebentina de Venecia i altres remeis de Montaigne


Doce o quince días después de nuestra llegada [a Roma], se encontró mal, y por un inusitado derrame de sus riñones que le amenazaba con alguna úlcera, se decidió por vez primera, según la prescripción de un médico francés del cardenal Rambouillet, auxiliado por la habilidad de su boticario, a tomar un día una gran porción de pulpa purgante con la punta de un cuchillo mojado previamente en un poco de agua, que ingirió muy a gusto, e hizo por ello dos o tres deposiciones. Al día siguiente tomó terebentina* de Venecia, que viene, según dicen, de las montañas del Tirol: dos trozos grandes envueltos en una oblea, en una cuchara de plata, rociados con una o dos gotas de cierto jarabe de buen sabor; no sintió más efecto que el olor de la orina a violeta de marzo. Después tomo tres veces, aunque no seguidas, cierta clase de brebaje que tenía justamente el sabor y el color de la leche de almendras: también le decía su médico que no era más que eso; sin embargo, él pensaba que contenía cuatro simientes frías**. No había en esta última toma nada de molesto ni de extraordinario, salvo la hora de la mañana: tres horas antes de la comida. Tampoco advirtió para qué servía esa leche de almendras, pues siguió en el mismo estado durante mucho tiempo; y tuvo luego un fuerte cólico, el veintitrés de diciembre, por lo que se acostó hacía el mediodía; y allí permaneció hasta la noche, en que expulsó mucha arena y, después, una gran piedra dura, larga y compacta, que tardó cinco o seis horas en pasar por la verga. Durante todo este tiempo desde sus baños, sentía un gran bienestar de vientre, por cuya causa pensaba hallarse protegido de algunos accidentes peores. Se saltaba muchas comidas, tanto al mediodía como a la hora de cenar.

*substància del terebint, arbret d’escorça resinosa que sua una trementina molt aromàtica.
**Segons les farmacopees de l’època, hi havia quatre llavors fredes majors (cogombre, meló, carbassa i carbassó) i quatre menors (enciam, endivia, “achicoria i verdolaga”. Cfe. F. Gavarini

A: Diario de viaje a Italia por Suiza y Alemania en 1580 y 1581, de Michel de Montaigne. Edició i Traducció de Santiago R. Santerbás. Cátedra. Letras universales. p. 202

divendres, 5 de juliol del 2013

Els nivells de Roma, segons Montaigne

La ciudad está, en la actualidad, totalmente edificada a lo largo del Tíber, a uno y otro lado. El barrio alto, que era la sede de la ciudad antigua, por donde él hacía todos los días miles de paseos y visitas, está ocupado por algunas iglesias,  mansiones singulares y jardines de cardenales. Opinaba, por lo claro de las apariencias, que la forma de aquellos montículos y pendientes había variado por completo desde la antigüedad a causa de la altura de las ruinas, y tenía por cierto que en algunos lugares caminábamos sobre la techumbre de casas enteras. Está convencido, por el arco de Severo, de que estábamos a más de dos picas por encima del antiguo suelo; y lo cierto es que, en casi todas partes, se camina sobre el borde superior de los viejos muros que la lluvia y los carruajes dejan al descubierto.

A: Diario de viaje a Italia por Suiza y Alemania en 1580 y 1581, de Michel de Montaigne. Edició i Traducció de Santiago R. Santerbás. Cátedra. Letras universales. p. 200

Personatge descrit per Montaigne

Montaigne sembla sentir-se fascinant per aquest home, un mercader que pateix diverses i insòlites malalties, que segueix les indicacions contradictòries dels metges i que coincideixen en uns banys seguint tractaments termals. Tot un  personatge digne de ser protagonista d’un conte.
 
"Vino a los baños en estos días un cremonés, mercader, que vive en Roma. Padecía de muchas enfermedades insólitas. Sin embargo, hablaba, andaba y, por lo que se veía, casi contento con la vida. La principal dolencia la tenía en la cabeza: por cuya debilidad decía que había perdido la memoria de tal modo que, cuando comía, nunca recordaba lo que le habían puesto antes en la mesa. Si salía de casa para ir a cualquier asunto , diez veces necesitaba volver a casa para preguntar a dónde tenía que ir. El Pater noster apenas lo podía terminar: al llegar al final volvía cien veces al principio, no percatándose nunca al final de que había terminado. Había estado sordo y ciego, y sufrido dolor de muelas. Sentía tanto calor en los riñones que necesitaba llevar siempre a su alrededor un pedazo de plomo. Vivía bajo las ordenes de los médicos con una observancia religiosísima desde hacía muchos años. Era divertido ver las distintas prescripciones de médicos de diversas partes de Italia, todas contrarias entre sí, especialmente en lo que se refería a estos baños y duchas: porque, de veinte consultas, no había dos que estuvieran de acuerdo, sino que se condenaban unas a otras y casi todas se acusaban mutuamente de homicidio. Padecía una extraña desgracia a causa de las ventosidades: y era que los flatos le salían con tanta fuerza por los oídos que la mayoría de las veces no le dejaban dormir. También cuando bostezaba sentía de pronto que le salían grandísimos vientos por los oídos. Decía que, para aliviar el vientre, el mejor remedio que tenía era meterse en la boca cuatro confites de cilantro un poco grandes, y luego, habiéndolos chupado y suavizado un poco, usarlos como supositorios; y que producían un efecto apreciable y rápido. Él fue el primero a quien vi con uno de esos grandes sombreros hechos de plumas de pavo real, cubiertos de tafetán ligero, el hueco de la cabeza de un palmo de altura, y grande; y en el interior, una cofia de ormesí a la medida del tamaño de la cabeza, para que no penetre el sol, y las alas, de alrededor de un pie y medio de anchura, a modo de nuestros parasoles, que, en verdad, son molestos de llevar yendo a caballo."

A: Diario de viaje a Italia por Suiza y Alemania en 1580 y 1581, de Michel de Montaigne. Edició i Traducció de Santiago R. Santerbás. Cátedra. Letras universales. p. 305

La universalitat de Roma, segons Montaigne

Yo decía, de entre los méritos de Roma, que es la ciudad más universal del mundo, y donde la extranjería  y diferencia de nacionalidad tienen menos importancia; pues, por su naturaleza, es una ciudad hecha de remiendos extranjeros; cada uno está aquí como en su casa. Su príncipe domina toda la Cristiandad con su autoridad; su jurisdicción fundamental obliga a los extranjeros en sus países lo mismo que aquí; por elección propia, y de todos los príncipes y grandes de la corte, la consideración del origen no tiene ningún peso. La libertad política de Venecia y la utilidad del comercio la pueblan de extranjeros; pero están allí, sin embargo, como en casa ajena. Aquí están en sus propios oficios, bienes y cargos; pues ésta es la sede de personas eclesiásticas. Se ven tantos o más extranjeros en Venecia (pues la afluencia de extranjeros que se ve en Francia, en Alemania o en otras partes no llega ni por asomo a ser comparable), pero residentes y domiciliados, muchos menos. Al pueblo llano, nuestra manera de vestir, o la española o la alemana, le llama la atención tanto como la suya propia, y apenas se ve un pícaro que no nos pida limosna en nuestra lengua.

A: Diario de viaje a Italia por Suiza y Alemania en 1580 y 1581, de Michel de Montaigne. Edició i Traducció de Santiago R. Santerbás. Cátedra. Letras universales. p. 246

dijous, 4 de juliol del 2013

Una "secta bonica", segons Montaigne

Encontré al regreso de San Pedro a un hombre que me informó amablemente de dos cosas: que los portugueses manifestaban su obediencia en la semana de la Pasión, y también que en ese mismo día la estación tenía lugar en San Giovanni a Porta Latina, iglesia en la que algunos portugueses habían formado, años antes, una extraña cofradía. Se casaban varón con varón durante la misa, con las mismas ceremonias con que nosotros hacemos nuestros matrimonios, celebraban juntos las pascuas, leían el mismo evangelio que en las bodas y, luego, se acostaban y vivían juntos. Los ingeniosos romanos decían que, así como en la unión de macho y hembra la única circunstancia que la hacía legítima era el matrimonio, debía de parecer a estas personas tan finas que esta otra unión resultaría igualmente legal si estuviese autorizada por las ceremonias y los ritos de la iglesia. Fueron quemados ocho o nueve portugueses de esta bonita secta.*

 *La nota de Santiago R. santerbás diu que aquest fet va tenir lloc el 1578 i que van ser ejecutats onze portuguesos i espanyols.

A: Diario de viaje a Italia por Suiza y Alemania en 1580 y 1581, de Michel de Montaigne. Edició i Traducció de Santiago R. Santerbás. Cátedra. Letras universales. p. 234

Senyores de Roma, segons Montaigne

Aquellos días pudieron verse a gusto todas las gentiles damas de Roma: pues en Italia no se enmascaran como en Francia y se muestran totalmente al descubierto. En cuanto a la belleza perfecta y singular, no hay, decía más que en Francia, y, salvo en tres o cuatro, no encontraba allí ninguna excelencia; pero en general son más agradables y no se ven tantas feas como en Francia. La cabeza la llevan acicalada con mucha más gracia, así como la parte del cuerpo situada por debajo de la cintura. El cuerpo está mejor en Francia: pues aquí llevan la cintura demasiado suelta, como nuestras mujeres embarazadas, y su apariencia tiene más majestuosidad, suavidad y dulzura. No hay comparación posible entre la riqueza de sus vestidos y los nuestros: los suyos están llenos de perlas y de pedrería. En todos los lugares donde se dejan ver en público, sea en un carruaje, en una fiesta o en el teatro, están separadas de los hombres: sin embargo existen danzas enlazadas bastante libres, en las que hay ocasiones de charlar y tocarles la mano.

A: Diario de viaje a Italia por Suiza y Alemania en 1580 y 1581, de Michel de Montaigne. Edició i Traducció de Santiago R. Santerbás. Cátedra. Letras universales. p. 218

dimarts, 2 de juliol del 2013

Montaigne llegeix sobre Roma

Durante todos aquellos días solo se ocupó de instruirse sobre Roma. Al principio había tomado un guía francés; pero, habiéndose despedido éste por alguna razón absurda, él se empeñó en llegar a dominar por su propio esfuerzo esa materia, con la ayuda de diversos mapas y libros que se hacía leer por la noche, y de día iba a poner en práctica sobre el terreno lo que había aprendido; así que, en pocos días, hubiera podido fácilmente guiar a su guía.
Decía que de Roma no se veía más que el cielo bajo el que había estado situada y el plano de su asentamiento; que el conocimiento que tenía de ella era una ciencia abstracta y contemplativa, en la que no había nada que percibieran los sentidos; que los que decían que al menos se veían las ruinas de Roma decían demasiado; pues las ruinas de un aparato tan temible proporcionarían más honor y respeto a su memoria: esto no era más que un sepulcro.

A: Diario de viaje a Italia por Suiza y Alemania en 1580 y 1581, de Michel de Montaigne. Edició i Traducció de Santiago R. Santerbás. Cátedra. Letras universales. P. 211

Devocions a Roma, segons Montaigne

"Hay en Roma muchas devociones particulares y cofradías, donde se ven grandes testimonios de piedad. Las gentes me parecen menos devotas que en las buenas ciudades de Francia, pero mucho más ceremoniosas: pues en esto son exageradas. Escribo aquí con libertad de conciencia. He aquí dos ejemplos. Estando un individuo con una cortesana, acostado en la cama y dedicado a prácticas libertinas, sonaron a las veinticuatro horas las campanadas del Ave María: ella se arrojó inmediatamente del lecho al suelo y se puso de rodillas para hacer su oración. Estando con otra, he aquí que su buena madre (pues por lo común estas jóvenes tienen viejas gobernantas a las que convierten en madres o tías) golpea la puerta, entra y con cólera y furor arranca del cuello de la joven un cordón que llevaba, del que pendía una medallita de Nuestra Señora, para no contaminarla con la basura de su pecado: la joven sintió una profunda contrición por haber olvidado quitársela del cuello, como tenía por costumbre."*

*Algun estudiós relacionen els exemples amb un passatge del Heptamerón de Margarita de Navarra; i encara un altre insinua que el protagonista és Montaigne.

A: Diario de viaje a Italia por Suiza y Alemania en 1580 y 1581, de Michel de Montaigne. Edició i Traducció de Santiago R. Santerbás. Cátedra. Letras universales. P. 223

dimarts, 4 de setembre del 2012

Massa art a Itàlia!

Tal vez no haya en toda Italia una sola pintura o escultura que no pueda cubrirse sin problema con una montaña de papel impreso dedicado a estudios sobre ella. Así que no me extenderé en detalles sobre los cuadros y las estatuas célebres, pese a considerarme un sincero admirador de la pintura y la escultura.

A: Estampas de Italia, de Charles Dickens. Traducció Ángela Pérez. Alba Editorial.

dissabte, 11 d’agost del 2012

La Fontana de Trevi, segons Charles Dickens

Quan surts d’aquests tolls de foscor espessa un cop més a la llum de la lluna, et sorpren la font de Trevi, que raja aigua per cent sortidors i cau per les roques, i és argent a la vista i a la oïda.

A: Estampas de Italia, de Charles Dickens. Traducció Ángela Pérez. Alba Editorial.

dijous, 21 de juny del 2012

Les ruïnes de l'antiga Roma segons Charles Dickens

Fuimos a las ruinas de la antigua Roma a despedirnos del Coliseo, para variar después de tanto fuego y estruendo. Yo lo había visto antes a la luz de la luna (no podía pasar un día sin volver), pero su tremenda soledad aquella noche es inenarrable. Las columnas fantasmales del Foro, los arcos triunfales de los antiguos emperadores, las enormes masas de ruinas que fueran en tiempo sus palacios, los montículos cubiertos de hierba que señalan las tumbas de los templos derruidos, las piedras de la vía Sacra, gastadas por las pisadas de los antiguos romanos; incluso éstas estaban empañadas en su melancolía trascendente, por el oscuro fantasma de sus fiestas sangrientas, erguido y lúgubre, rondando el antiguo escenario, saqueado por el pillaje de los papas y las luchas de los príncipes, pero no destruido; retorciendo las manos de maleza y hierbas y zarzas; ¡y lamentando hasta la noche en cada hueco y cada arco quebrado la sombra de su atroz ser, inmutable!

D'Estampas de Italia, de Charles Dickens. Traducció de Ángela Pérez. Alba Editorial

dimarts, 19 de juny del 2012

La piràmide Cestiana











"Mirando más allá de las murallas desde una zona de la ciudad, se ve una pirámide achaparrada y raquítica (lugar de enterramiento de Cayo Cestio) que forma un triángulo opaco a la luz de la luna. Pero para un viajero inglés marca también la sepultura de Shelley, cuyos restos reposan en un pequeño huerto cerca de ella. Y más cerca aún, casi a su sombra, reposan los restos mortales de Keats, “cuyo nombre está escrito en el agua”, que resplandece en el paisaje de una noche italiana serena."*

La piràmide, construida –segons la inscripció en uns 330 dies– cap el 12 abans de Crist, té una base quadrada de 30 metres de costat i una alçada d’uns 36 metres que, als ulls de Dickens, li dóna  un aspecte rabassut. Shelley i Keats estan enterrats al cementiri protestant.

* D'Estampas de Italia, de Charles Dickens. Traducció de Ángela Pérez. Alba Editorial

La Capella Sixtina segons Charles Dickens

Vimos muy poco en la Capilla Sixtina el miércoles, porque cuando llegamos (aunque fuimos muy pronto) ya no cabía un alfiler. La gente se amontonaba incluso en la sala contigua, apretujándose en la puerta, debatiéndose, protestando y apresurándose a ocupar el espacio libre cada vez que sacaban a una dama desmayada, como si pudieran meterse en el mismo cincuenta personas. Unas veinte personas se debatían con el grueso cortinaje de la puerta de la capilla, empujándose unas a otras en su afán de agarrarlo y mantenerlo alzado para poder oír el miserere. El resultado era una extraordinaria confusión, pues parecía enroscarse alrededor de los desprevenidos como una serpiente. Una señora se enredó en él y no podía soltarse. Luego se oyó la voz ahogada de un caballero que suplicaba que lo sacaran de allí. A continuación, dos brazos envueltos en el mismo (no se sabía si de hombre o de mujer) se debatían como si estuvieran dentro de un saco. Tan pronto lo arrastraban a la capilla como si fuera un toldo, como hacía afuera, tapando a un guardia suizo que llegó en aquel preciso instante a poner orden.

D'Estampas de Italia, de Charles Dickens. Traducció de Ángela Pérez. Alba Editorial

dimecres, 28 de setembre del 2011

Fontana di Trevi (2)

L'Anita Ekberg fa 80 anys. Descansa en una clínica propera a Roma després de trencar-se els dos fèmurs. Se sent sola. Lluny queda aquell "Marcello!" que et convidava a entrar a la Fontana di Trevi amb ella. Diu que Mastroianni tenia fred i es va veure una ampolla de whisky durant el rodatge de l'escena. Mastroianni fa anys que es mort, Anita està sola; de tot plegat només queden unes imatges, un record. I la fontana, plena de turistes.

dilluns, 9 de maig del 2011

Piazza Spagna

El voltant de la font és ple de gent. De tant en tant arriba un esquitx d'aigua. Vull pujar fins a l'església. Les escales són fosques; algú menja un entrepà, potser un tall de pizza; tohom es fa fotografies. Bufo una mica abans d'arribar a dalt. Miro la ciutat de nit i torno a baixar. Una rodamón seu al costat de l'Anna.

Des de la Capella Sixtina

Per arribar a la Capella Sixtina hem passat per passadissos estrets i a contramà amb la cadira de rodes. La capella és plena de gent que mira els sostre, és clar. Quan sortim de l'edifici plou a bots i barrals. Al final agafem el primer autobús que trobem. Passa per Villa Borghese, però només veig, a l'altra banda dels vidres bafats, ombres d'arbres entre la pluja. Ens porta no sé on, al costat d'una estació; ja no plou. A. s'ha xopat i està de mal humor; diu que vaig a la meva. Agafem un altre autobús fins el Coliseum. El visitem. Intentem agafar un autobús que no arriba per anar fins a l'hotel. Passen els minuts i A. s'exaspera. Agafem un altre autobús que també ens va bé. A. torna a dir que només vaig a la meva. Conclusió: porta sempre roba i sabates impermeables i un bon paraigua, evitaràs mullar-te; i sobretot posar-te de mal humor i encomanar-lo als altres.

Fontana di Trevi

Cada nit, abans de ficar-me al llit, vaig fins a la fontana, m'hi assec en un racó, i bado. És ple de gent. M'hi estic una estona i canvio de lloc per mirar-la des d'una altra perspectiva.
Hi ha parelles joves, parelles grans, famílies, grups de nois i noies, grups d'amics, grups d'amigues. No hi veig gent sola; potser només els venedors. Si cauen gotes, venen paraigües. Si no plou venen trípodes petits, joguines amb llumetes o qualsevol altra cosa.
A una de les cantonades hi ha una botiga de barrets. M'agrada un model americà. Sé que no me'l compraré. Quan sigui una mica més vell, penso.
No hi ha manera de veure la fontana buida. Em faig la promesa que em llevaré a les quatre o a les cinc de la matinada per venir-la a veure. Me la imagino amb dues o tres parelles joves abraçades, escombriaires i algun borratxo. Només se sent l'aigua. I si a la nit paren l'aigua? Em falta força de voluntat i no ho faig. Em faig la promesa de veure La dolce vita quan torni a casa; és evident, però, que perquè l’Anita Ekberg et convidi a entrar a l’aigua has d’estar a soles amb ella. Sé que em faig massa promeses que després no acompleixo. Quan sigui una mica més vell, penso.