Pàgines

Es mostren els missatges amb l'etiqueta de comentaris Istanbul. Mostrar tots els missatges
Es mostren els missatges amb l'etiqueta de comentaris Istanbul. Mostrar tots els missatges

dijous, 29 de maig del 2025

El Museu de la inocència, el museu






El Museu de la innocència és una novel·la plena de personatges que viuen, es mouen i estimen en una ciutat durant un període determinat; de fet són els components de milers de novel·les. A partir d'aquí, però, podem recuperar els personatges i buscar les persones anònimes que els han donat vida; els objectes que han utilitzat i els carrers i racons de la ciutat on han viscut. I el miracle es produeix al recollir-los i relacionar-los. No és una ciutat inventada, no són personatges inventats: és la ciutat d’Istanbul ben viva. La novel·la s’ha convertit en història quotidiana. L'autor només ha combinat els elements, els ha organitzat, però tot ja havia existit.
Fer un museu d'una novel·la no és com fer una pel·lícula d'una novel·la. La pel·lícula és una ficció d'una ficció.  Al museu tot és real!

Entrem al museu

"El Museu de la innocència és alhora una novel·la d'Orhan Pamuk i el museu que ha creat. Des dels inicis del projecte, des dels anys noranta, Pamuk ha concebut novel·la i museu conjuntament. La novel·la, que tracta sobre l'amor, està ambientada entre 1974 i principis dels anys 2000, i descriu la vida a Istanbul entre 1950 i 2000 a través de records i flashbacks centrats al voltant de dues famílies: una rica i l'altra de classe mitjana baixa. El museu presenta allò que els personatges de la novel·la van utilitzar, vestir, escoltar, veure, col·leccionar i somiar, tot meticulosament disposat en caixes i vitrines. No és imprescindible haver llegit el llibre per gaudir del museu, de la mateixa manera que no és necessari haver visitat el museu per gaudir al màxim del llibre. Però els que hagin llegit la novel·la captaran millor les múltiples connotacions del museu, i els qui hagin visitat el museu descobriran molts matisos que s'havien perdut en llegir el llibre. La novel·la es va publicar el 2008, el museu es va obrir a la primavera de 2012."



El catàleg La innocència dels objectes

"La culminació de dècades de col·leccionisme omnívor, el Museu de la innocència d'Orhan Pamuk a Istanbul utilitza la seva novel·la de l'amor perdut, El Museu de la innocència, com a punt de partida per explorar la ciutat de la seva joventut. A La innocència dels objectes, el catàleg de Pamuk d'aquest museu, escriu sobre coses que li importen profundament: la psicologia del col·leccionista, el paper adequat del museu, la fotografia del vell Istanbul (il·lustrada amb la magnífica col·lecció de fotografies inquietants i fotogrames de pel·lícules de Pamuk) i, per descomptat, els costums i tradicions de la seva estimada ciutat. Les imatges del llibre són igualment evocadores, que van des de l'efímera de la vida quotidiana fins a les magnífiques fotografies del fotògraf turc Ara Güler. Combinant art i escriptura de manera convincent, La innocència dels objectes és una obra d'art i literatura original."





Textos i imatges de la pàgina web del Museu de la inocència: https://www.masumiyetmuzesi.org/

dimecres, 15 de gener del 2025

Istanbul

Les gavines escriuen
salms 
al cel 
d'Istanbul.
En el silenci
el mar
en recita els versos
a contrallum.


A: El tremps trobat, de Josep Piera. Edicions Bromera. 2013. p.20

dijous, 12 de desembre del 2024

El bany turc a Constantinopla, segons Mark Twain

"Cuando pienso en cómo me han engañado los libros de viajes al Oriente, me entran ganas de llorar. Durante años y años he soñado con las maravillas de los baños turcos; durante años y años me he prometido a mí mismo que disfrutaría de uno. […]
La realidad se parece tanto a eso como los Five Points al Jardín del Edén. Me recibieron en un gran patio, empedrado con losas de mármol; alrededor había amplias galerías, una sobre otra, alfombradas con cochambrosas esteras, limitadas por balaustradas sin pintar, y amuebladas con enormes sillas desvencijadas, cubiertas con viejos y deshechos colchones que mostraban las marcas dejadas por las formas de nueve generaciones seguidas de hombres que reposaron sobre ellos. Era un sitio grande, vacío, deprimente; su patio un establo, sus galerías cajones para caballos humanos. En la apariencia de los valets, cadavéricos y medio desnudos, que servían en el establecimiento nada había de poético, nada de romántico, nada de esplendor oriental. No desprendían aromas cautivadores: al contrario. Sus hambrientos ojos y sus lacias formas continuamente sugerían un hecho muy claro y nada sensiblero: querían lo que en California llaman “una buena manduca”.
Me metí en uno de los pesebres y me desnudé. Un sucio muerto de hambre se puso un llamativo mantel a modo de taparrabos y de mis hombros colgó un harapo blanco. Si hubiese dispuesto entonces de una bañera, lo más natural habría sido lavarme. Pero me condujeron escaleras abajo, al patio mojado y resbaladizo, y lo primero que llamó mi atención fueron mis talones. Mi caída no produjo comentario alguno. La esperaban, sin duda. Formaba parte de la lista de relajantes y sensuales influencias características de esa casa de lujo oriental. […] Sin embargo, aquello era lujo oriental, y yo hacía cuanto podía por disfrutarlo.
Me pusieron en otra zona del granero y me tumbaron sobre una especie de jergón mal ventilado, que no estaba hecho de tejido de oro, ni de chales persas, sino que simplemente era uno de esos chismes sin pretensiones que he visto en las habitaciones de los negros de Arkansas. No había nada más en aquella poco iluminada prisión de mármol, sólo otros cinco féretros como el mío. Era un lugar muy solemne. Pensé que, en cualquier momento, los aromas especiados de Arabia se adueñarían de mis sentidos, pero no fue así. Un esqueleto color cobre, cubierto con un harapo, me trajo un recipiente de cristal con agua, que encima llevaba una pipa de tabaco encendida y un tubo flexible que debía medir un metro, con una boquilla de latón.  
Era el famoso narguile de Oriente: eso que el Gran Turco fuma en los cuadros. Aquello empezaba a recordar el lujo. Le di una calada y fue suficiente; el humo entró en masa hasta mi estómago, mis pulmones y hasta las partes más ocultas de mi esqueleto. Tosí una vez, y fue como si el Vesubio hubiese hecho erupción. Durante los cinco minutos siguientes, humeé por todos mis poros, como una casa que se está quemando por dentro. El narguile se había acabado para mí. […] Después de esto, cada vez que vea al Gran Turco fumando su narguile, en plena dicha, en el exterior de un envoltorio de tabaco de Connecticut, sabré que es un desvergonzado embustero.
La prisión estaba llena de aire caliente. Cuando me hube caldeado lo suficiente para aguantar una temperatura aún más cálida, me llevaron al sitio donde la había: una sala de mármol, húmeda, resbaladiza y llena de vapor, y me tumbaron sobre una plataforma elevada que había en el centro. Hacía mucho calor. Al poco, el que se encargaba de mí me hizo sentar junto a un tanque de agua caliente, me mojó bien mojado, se enfundó la mano con una manopla áspera, y empezó a sacarme brillo por todas partes. Yo comencé a oler de forma desagradable. Cuanto más frotaba él, peor olía yo. Resultaba alarmante. Le dije:
-Percibo que hace mucho que he muerto. Es evidente que deberían enterrarme sin más demora. Creo que será mejor que vaya usted a buscar a mis amigos enseguida, porque hace calor y no aguantaré mucho más.
Continuó frotando y no me hizo caso. Pronto me di cuenta de que estaba reduciendo mi tamaño. Apretaba fuerte con la manopla y, de debajo de ésta, salían una especie de cilindros, como macarrones. No podía ser roña, porque era muy blanca. Me peló de esa forma durante un buen rato. Al final, le dije:
-Se trata de un proceso aburrido. Le llevará horas recortarme hasta dejarme en el tamaño que desea; esperaré; vaya a pedir prestada una garlopa. 
No me hizo ni caso.
Al cabo de un tiempo trajo una palangana, jabón y una cosa que parecía la cola de un caballo. Produjo una cantidad prodigiosa de espuma de jabón, me cubrió con ella de la cabeza a los pies, sin advertirme que cerrara los ojos, y luego me fregoteó despiadadamente con la cola de caballo. Después me dejó allí, cual estatua de blanca espuma, y se marchó. […]
Aquel gallinero vacío, sin adornos, no tenía nada de esa voluptuosidad oriental sobre la que tantas cosas leemos. Más que otra cosa parecía un hospital provincial. El delgaducho sirviente trajo un narguile, y yo le obligué a que se lo llevase de nuevo sin perder ni un segundo. Entonces trajo el mundialmente famoso café turco, al que los rapsodas han cantado con tanto entusiasmo durante generaciones, y me agarré a él como última esperanza de recuperar mis viejos sueños de lujo oriental. Otro fraude. De todas las bebidas indecentes que han pasado por mis labios, el café turco es la peor. La taza es pequeña y está embadurnada de posos; el café es negro, denso, de dudoso olor y de sabor execrable. En el fondo de la taza queda un sedimento turbio de más de un centímetro. Todo ello se cuela garganta abajo, algunos de esos posos se van quedando por el camino, y producen unas molestas cosquillas que obligan a ladrar y a toser durante una hora.
Y así terminó mi experiencia del tan famoso baño turco, y allí terminó también mi sueño de la felicidad que deleita al mortal que lo goza. Es una estafa de las peores. El hombre que de él disfruta, podrá disfrutar de cualquier cosa que resulte repulsiva a la vista o a cualquier otro sentido, y quien sea capaz de conferirle el encanto de la poesía, podrá hacer lo mismo con cualquier otra cosa de este mundo, por muy aburrida, miserable, deprimente y desagradable que sea."

A: Guía para viajeros inocentes, de Mark Twain. Versió de Susana Carral Martínez. Ediciones del Viento. 2009. p.347

divendres, 22 de novembre del 2024

La ciutat de Constantinoble segons Benjamí de Tudela

El text sobre Constantinoble, segurament el més extens sobre una ciutat, reuneix tots els continguts: distància respecte altres ciutats, característiques urbanes de la ciutat, ordenació civil i econòmica, tipus de comerç, i situació de la comunitat jueva. La riquesa de la ciutat va deixar-lo ben bocabadat: “No existeix enlloc més una ciutat com aquesta, fora de Bagdad, la gran ciutat dels ismaelites”. Un bon reclam per a possibles futurs comerciants.


"La ciutat de Constantinoble està emmurallada, i el seu perímetre és de divuit milles, la meitat sobre el mar, i l’altra meitat sobre terra ferma. Està situada sobre dos braços de mar: un que ve del mar de Rússia,, i l’altre del mar de Sefarad [mar Negra i Mediterrània]. Aquí venen tots els comerciants del país de Babilònia, dl país de Sinar [actual Iraq], de Pèrsia, de Mèdia, de tot el reialme d’Egipte, de la terra de Canaan, del reialme de Rússia, d’Hongria, de Patzinàkia [actuals Romania, Moldàvia i l’oest de Ucraïna], de Khazària [costes de la mar Negra], del país de Llombardia i de Sefarad. És una ciutat bulliciosa, i hi arriben amb productes provinents de tots els països , tant de mar com per terra. No existeix enlloc més una ciutat com aquesta, fora de Bagdad, la gran ciutat dels ismaelites. Allà hi ha l’església de Santa Sofia així com el Papa dels grecs, atès que aquests no reten obediència al Papa de Roma. En aquesta església hi ha tants altars com dies té l’any, i atresora una incalculable quantitat de diners que porten cada any, com a tribut, de les dues illes, dels castells i dels vilatges que formen la ciutat. Una riquesa així no es troba en cap altra església del món. A l’interior hi ha columnes d’or i d’argent, així com incomptables làmpades també d’argent i or.

A Constantinoble hi ha un indret destinat a la diversió del rei, adossat al mur del palau, anomenat hipòdrom, i allà cada any el rei organitza un gran espectacle el dia de la Nativitat de Jesús. En aquest indret s’exhibeixen davant el rei i la reina totes les races d’homes del món amb tot tipus d’actuacions, o sense actuar, i porten lleons i tigres, ossos i zebres perquè lluitin entre ells, i fan el mateix amb les aus, i enlloc més del món es pot veure un espectacle com aquest.  [El rei Manuel  va construir un gran palau situat arran de mar per al tron del seu país, a banda dels que ja havien edificat els seus predecessors, i l’anomena Blanquerna. [...] I Hi ha tants altres edificis que és impossible enumerar-los. De tot el país de Grècia hom porta el tribut cada any, i així omplen els castells de teixits de seda, porpra i or. No hi ha en tot el país un edifici com aquest, ni enlloc més aquesta riquesa. Hom assevera que el tribut de la capital ja puja anualment fins a les vint mil peces d’or entre els lloguers de les botigues i els mercats, així com els impostos que paguen els comerciants que arriben tant per mar com per terra.

Els grecs del país són molt rics en or i en pedres precioses, s’abillen amb robes de seda amb encaixos d’or, teixits i brodats als seus vestits i, quan cavalquen llurs cavalls, no semblen sinó prínceps. Certament, el país és molt ric pel que fa a tota mena de teixits, i també disposa a pleret de pa, de carn i de vi. No és fàcil veure una riquesa així en cap altre país. Allà són grans entesos en tota la literatura dels grecs, i qui menys menja i beu sota la seva parra o la seva figuera. Ells reculen mercenaris de tots els pobles gentils que ells anomenen bàrbars a fi que lluitin contra el soldà Massud, rei dels turcmans que hom anomena turcs, atès que als grecs els manca l’esperit combatiu i, com que no tenen força per resistir un combat, se’ls considera efeminats.

Dins la ciutat no hi viuen jueus entre els grecs, cat els deportaren a l’altra part del braç de mar. Un braç del mar de Màrmara els envolta per una banda, i no poden sortir a comerciar amb els habitants de la ciutat si no és per mar. Hi ha uns dos mil rabanites, i uns cinc-cents caraïtes, i estan separats per una tanca. [...] Entre ells [rabanites] hi ha artesans de la seda, molts comerciants i potentats. Allà no es permet als jueus muntar a cavall, llevat de rabí Salomó l’Egipci, que és metge del rei, i gràcies a ell els jueus veuen molt alleugerides les penes del seu exili, car l’opressió que pateixen és greu. Hi ha molt odi contra ells, sobretot dels assaonadors de pells, que vessen les seves aigües pestilents als carrers davant les portes de llurs cases i embruten el barri dels jueus. Així doncs, els grecs odien els jueus, ja siguin bons o dolents, i els tracten d’allò més injustament, els peguen pels carrers i els oprimeixen amb tirania. No obstant això, els jueus són rics i bona gent, caritatius i complidors dels preceptes, i suporten les penes del seu exili amb resignació. El lloc que habiten els jueus duu per nom Pera."


A: Llibre de viatges, de Benjamí de Tudela. Edició i traducció de Manuel Forcano. Angle Editorial. 2020. p. 119

dimarts, 6 d’octubre del 2015

Constantinopla al 1895


CONSTANTINOPLA (873,000 hab.), capital, uno de los mejores puertos y de las más bellas vistas panorámicas del mundo , con gran movimineto marítimo. el centro se llama Stambul, y los arrabales, Pera y Galata. Entre los monumentos, merece especial atención el templo de Santa Sofía, consagrado al culto mahometano.

CARÁCTER. Los turcos han recordado durante muchísimo tiempo su orígen bárbaro, tasnto por su ignorancia crasa como por la crueldad desplegada contra los cristianos. Ultimamente los sultanes se han ocupado en la regeneración del país y la instrucciónha ido cundiendo, con lo cual se han modificado las costumbres, aunque continuán siendo musulmanes. poco amigos del comercio y de trato muy agradable, son excelentes militares y políticos astutos.

De Geografia, de Esteban y Faustino Paluzie.Faustino Paluzie, Impresor - Editor. Barcelona, 1895. p. 186

dissabte, 1 de març del 2014

El Basar dels llibres d'Istanbul
















"Eso fue precisamente lo que me ocurrió en el Bazar de los Libros de Estambul: entre miles de portadas incomprensibles encontré un volumen sobre vaijeros turcos publicado en inglés y con fotografías, Throug the Eyes of Turkish Travelers. Seven Seas anv Five Continents, de Alpay Kabacali, en una cuidada edición con estuche del Toprakbank.  Como en mi colección faltaba esa pieza del puzzle, el testimonio de los viajeros turcos, me obstiné en conseguirlo.  […]
Había venido [l’amo de la llibreria] por alguna de las esquinas del Sahaflar Carsisi, que es el nombre turco del Bazar de los Libros. se encuentra en un antiguo patio encajonado entre la mezquita de Beyazit y la entrada de Fesciler al Gran Bazar, muy cerca de la Universidad de Estambul, y ocupa aproximadamente los mismos metros cuadrados que durante siglos acogieron el Chartoprateia, mercado del papel y el libro de Bizancio. Tal vez porque en el centro del patio hay un busto de Ibrahim Müterferrika, acompañado por el título de los diecisiete primeros libros publicados en turco gracias a la impresa que él lidero, una imprenta tardía, de principios del siglo XVIII, se me ocurrió que podría aconseguir la antología de viajeros siguiendo la misma táctica que había utilizado en Budapest. Porque Müterferrikaera de Transilvania y no sabemos cómo llegó a Constantinopla ni por qué se convirtió al islam y unía a mis ojos aquel viaje turco con mis incursiones en Los Balcanes y el Danubio. Lo cierto es que me acostumbré a pasar cada día por allí, subiendo mi oferta cinco dólares por visita.
También me acostumbré a leer por las tardes en las terrazas del Café Pierre Loti, con vistas al Mármara, y a pasear al anochecer por la Istiklal Caddesi o Avenida de la Independencia, el otro gran centro libresco de la ciudad. Como Buda y Pest, las dos orillas de Estambul separadas por el puente del Gálata poseen su propia idiosincrasia, que podría condensarse en esos dos plos de escritura: el Bazar y la Avenida. En los alrededores de ésta se sentaron antaño los mercaderes venecianos y genoveses; hay pasajes hermosos; y librerías con el precio de cada uno de sus libros impreso en etiquetas blancas en la contraportada. Busqué en vano la antología de viajeros en locales como el de Robinson Crusoe 389, donde adquirí en cambio dos libros de Juan Goytisolo traducidos al turco. En las fotografías que se incluyen en la edición de Estambul otomano no aparecen librerías antiguas ni modernas, porque nunca han constituido “topos” de la literatura de viajes ni de la literatura cultural."


De Librerías, de Jorge Carrión. Editorial Anagrama. p.132

dijous, 21 de juny del 2012

Istanbul segons Pierre Loti

Oh ! Stamboul ! de tous les noms qui m’enchantent encore, c’est toujours celui-là le plus magique. Sitôt qu’il est prononcé, devant moi une vision s’ébauche : très haut en l’air, et d’abord dans le vague des lointains, s’esquisse quelque chose de gigantesque, une incomparable silhouette de ville. La mer et à ses pieds ; une mer que sillonnent par milliers des navires, des barques, dans une agitation sans trêve, et d’où monte une clameur de Babel, en toutes les langues du Levant ; la fumée flotte, comme un long nuage horizontal, sur l’amoncellement des paquebots noirs et des caïques dorés, sur la foule bariolée qui crie ses transactions et ses marchandages ; l’incessante fumée recouvre tout se son voile. Et c’est là-, bas, au-dessus de ces buées et de ces poussières de houille, que la ville immense apparaît comme suspendue. En plein ciel clair, pointent des minarets aussi aigus que des lances, montent des dômes et des dômes , de grands dômes ronds, d’un blanc gris, d’un blanc mort, qui s’étagent les uns sur les autres comme des pyramides des cloches de pierre : les immobiles mosquées, que les siècles ne changent pas ; -plus blanches, peut-être, aux vieux âges, ces mosquées saintes, quand nos vapeurs d’Occident n’avaient pas encore terni l’air alentour et que les voiliers d’autrefois venaient seuls mouiller à leur ombre, mais pareilles toujours, et depuis des siècles couronnant Stamboul de leurs mêmes coupoles géantes, lui donnant cette même silhouette unique, plus grandiose que celle d’aucune ville de la terre. Elles sont l’immuable passé, ces mosquées ; elles recèlent dans leurs pierres et leurs marbres le vieil esprit musulman, qui domine encore là-haut où elles se tiennent. Si l’on arrive des lointains de Marmara ou des lointains d’Asie, on le voit émerger les premières hors des brumes changeantes de l’horizon ; au-dessus de tout ce qui s’agite de moderne et de mesquin sur les quais et sur la mer, elles font planer le frison des vieux souvenirs, le grand rêve mystique de l’islam, la pensée d’Allah terrible et la pensée de la mort…

De "Constantinople en 1890". A: Voyages (1872-1913), de Pierre Loti. Bouquins. 1991

dimarts, 10 de gener del 2012

La Istanbul d'Orham Pamuk

"¿Acaso el misterio de Estambul consiste en la pobreza que se vive junto a la Historia insigne, en que continúe en secreto su vida de comunidad y barrio cerrada sobre sí misma a pesar de estar totalmente abierta a influencias externas, en que tras sus bellezas monumentales y naturales volcadas al exterior de la vida cotidiana se base en unas relaciones frágiles y desvencijadas? Pero cualquier cosa que digamos sobre las características generales de una ciudad, sobre su alma o su esencia, acaba convirtiéndose de forma indirecta en una confesión sobre nuestra vida y, especialmente, sobre nuestro estado espiritual. La ciudad no tiene otro centro sino nosostros mismos." 


A: Estambul. Ciudad y recuerdos, d'Orhan Pamuk. Literatura Mondadori. p. 401

dilluns, 20 de juny del 2011

Cemberlitas Hamami

Convenço a P. d'anar a uns banys. Anem al hamam de Cemberlita. Ens emboliquem amb la tovalloleta i baixem a la sala dels homes. L'agafa un home gros que em mira i em diu alguna cosa, potser: "Ara veurà de què va això". Li fa una bona esbatussada; a mi em tracten més superficialment. Ens remullem amb aigua freda i anem a vestir-nos. Li proposo fer un suc de taronja o beure alguna cosa. Vol marxar. "Mai més", em diu.