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dilluns, 9 de desembre del 2024

Els aeroports a "El turista nu"

Lawrence Osborne a El turista desnudo fa diversos comentaris dels aeroports per on passa. Vulguis o no, són l’entrada i la sortida de la majoria de llocs on ens desplacem. Algun d’aquests no-llocs conserven característiques personals que els fan autèntics. De fet, en origen, un aeroport fora un espai pla i desbrossat, més o menys llarg i ample, que permet aterrar i enlairar un avió. Totes les altres coses que ens trobem són complements, i alguns del tot innecessaris al fet de volar.
Segurament els aeroports per on passa l’autor han canviat aquests darrers anys. Potser Dubai i Wanggemalo poden ser els que menys han canviat. El primer ja que només pot ser més gran -ha passat de disset a vuitanta-set milions de passatgers- i el segon, segurament per manca de demanda. Els dos pols oposats.


Dubai (Dubai)

"El aeropuerto de Dubái, originariamente diseñado por la firma estadounidense Page and Broughton, es una pieza de orientalismo en constante evolución, perfeccionada para seducir a los diecisiete millones* de extranjeros que transitan por una ciudad-estado del Golfo de apenas un millón de habitantes. Al otro lado del control de inmigración se abre una sala inmensa, la colmena de consumo típica de aquellos aeropuertos, que últimamente se han tranformado en hubs o centros de conexión. Estos hubs son más que aeropuertos. Son bazares que que tienen como objetivo seducir a los denominados “consumidores en tránsito” con una amplia selección de tiendas, restaurantes y bares. Son pequeñas ciudades ajenas al espacio y al tiempo, utópicos “Cualquier parte” que articulan la naciente civilización turística. Las instalaciones de Dubái eclipsan a las de cualquier hub estadounidense que se precie." 

* El 2023 , l'aeroport de Dubai va registrar 86.994.365  passatgers. 




Kolkata  (Índia)

En el aeropuerto de Dum Dum se había congregado una pequeña y desaliñada multitud para tomar el vuelo de dos horas a Port Blair. Una hora antes del amanecer, después de que anunciaran el retraso del vuelo, salí a mirar la lluvia que arreciaba, porque Calcuta está rodeada de estuarios,, pantanos y lagunas, y su lluvia parece sacar energías de toda esa agua tan cercana. 


Port Blair (Illes Andaman)

"Durante el descenso, pensé que Port Blair podía ser cualquier pueblo maderero del Amazonas o, ya puestos, también Papua Nueva Guinea; al menos la Papua que yo imaginaba, que era la que había visto representada en las páginas del odioso National Geographic. Extensas colinas de barracas y madera amontonada, entramados de pistas de tierra, tejados de chapa ondulada: un aire a fracaso, a tierra de nadie, que no es lo mismo que un “Cualquier parte”. Es un lugar real pero fallido, un semilugar remoto, dormido en su tremenda oscuridad. […]
El aeropuerto parecía un almacén completamente desierto ofrecía un único folleto con tres hoteles, todos en la capital. Cogí el folleto y me encaminé a la salida, donde tomé un taxi en dirección al centro. Llovía con indescriptible intensidad." 

Denpassar (Illa de Bali)

"Denpassar tiene uno de los aeropuertos más refinados del mundo, una fusión entre un museo de provincias y un alegre campamento de verano. Sus salas están decoradas con muestras de la alta cultura balinesa y en todos los espacios públicos se oye música clásica de gamelán -no demasiado alta-, lo que evoca la imagen inconsciente de unas jóvenes con tocados dorados que bailan chasqueando los dedos pintados de colores. Templos cubiertos de musgo, te imaginas como un idiota; altares místicos en las montañas, volcanes sagrados, un armonioso paraíso espiritual. […] Vayamos donde vayamos, en Bali siempre escucharemos la misma melodía, como si la isla tuviese una única banda sonora digna de ambientarla. Para cuando conseguimos llegar al aparcamiento del aeropuerto y el calor del ecuador nos abrasa la piel, esa dichosa música ya es un sonido permanente en nuestros oídos. El mensaje subliminal es evidente: somos una Isla de Cultura."


Timika (Costa sud de Papua Central , Indonèsia)

"Cerca de Timika se encuentra la mayor mina de oro del mundo,la siniestra Freeport. Es un lugar violento, acordonado. […] El avión ha hecho una escala para repostar, pero a los pasajeros que continúan su viaje no les está permitido bajar. Hay unos pocos hombres armados sentados bajo el perimetro de las palmeras, contemplando el aparato con mirada torva."


Sentani (A la província de Papua, Indonèsia)

“Después de una escala de dos horas en Timika proseguimos hasta Sentani, el arrabal de Jayapura que alberga su diminuto aeropuerto. El cielo esta despejado. Hay cientos de palmeras arracimadas en los cabos, las ensenadas y las cimas de las colinas. […] El aeropuerto está flanqueado por unos inmensos tótems y esculturas tribales. Hay que andar por la pista hacía les verdes montañas que lo rodean, con el calor ya palpable, en medio de un olor a combustible y lodo fragante. En el interior de la terminal se percibe un sutil olor a diversidad humana. Los papues se arremolinan para mirar boquiabiertos a los extranjeros que salen de la pista de aterrizaje; van vestidos, pero algunos llevan plumas de gallina en el pelo. Nos observan con una fijación fría e impasible, como si fuésemos víctimas ambulantes de un accidente de tráfico empapadas en nuestra propia sangre. Éstos son papúes urbanos, fugitivos del oscuro interior de la isla. Cuando entré en la terminal, me sentí como Lévi-Strauss al contemplar la cubierta de su primera embarcación en los trópicos.”


Wamena ( Nova Guinea Occidental, Indonsia)`

"Durante el descenso a Wamena, el avión se desliza entre picos negros y morados, una tierra montañosa tan húmeda y musgosa como Escocia. Los bancales siguen ahí y el río todavía brilla sobre lechos de guijarros flanqueados por huertos vallados de taro. […] El aire huele a nieve y a pastos, al dulce olor de la hierba; junto a la pista de aterrizaje, unos hombres desnudos embadurnados con resplandeciente grasa de cerdo tiemblan en la bruma mientras exhiben los hongos fosilizados que intentan vender.
[…]
Esperábamos en la pista de despegue antes del amanecer. Llegó la avioneta Pilatus de los Adventistas del Séptimo Día, y un capitán cristiano con uniforme blanco supervisó el repostaje de los depósitos entre un grupo de papúes. El combustible se repostaba manualmente, con una manivela y una manguera. El capitán se acercó y nos estrechó la mano. Los Adventistas vuelan al río Yanimura y no suelen a ver escala en Wanggemalo ahora que los misioneros se han ido. De modo que aquello era una excepción que nos costaría un buen dinero."

Wanggemalo (Districte de Kombay, Papúa, Indonèsia)

"Y, sin embargo, al cabo de tan solo una hora ya sobrevolábamos la misión abandonada. Vi la construcción a un lado de la pista, con el tejado cubierto de trepadoras y plantas epifitas. Llevaba ya días sumido en una sensación de irrealidad -un hombre irreal en un lugar irreal- y no había forma de desprenderme de ella. Se había convertido en un presentimiento muy real. Aquellas cabañas, aquel sendero, aquella selva sin fin, no formaban parte de mi mentalidad.
Desde el aire, Wanggemalo parecía un agujero oblongo en la vegetación recorrido por una pista de hierba tan larga como un jardín particular. En lugar de casa arbóreas, había unas poca cabañas que se comunicaban por un sendero. […] …toda la población de Wanggemalo estaba esperandonos al final de la pista. Era una visión desgarradora."


Imatge de Wanggemalo de Google Maps



Localització de Timika, Sentani, Wamena i Wanggemalo a Papúa (Google Maps)


A: El turista desnudo, de Lawrence Osborne. Traducció de Magdalena Palmer. Gatopardo Ediciones. 2017

divendres, 6 de desembre del 2024

Corriols de seda

"Dejó de llover. A lo lejos, la selva se ensombrecía cada vez más entre lianas que colgaban de las alturas. “Es en las selvas donde el paisaje esconde sus secretos”, escribió Joseph Roth. Y aquí el secreto era sofocante. Unos senderos casi invisibles corrían como hilos sedosos de una casa arbórea a otra y los kombai se desplazaban por estas líneas con una seguridad inconsciente, como sonámbulos, como si pudiesen recorrerlas con los ojos cerrados. Cuando nosotros también nos aventuramos, me pregunté que significaban y adónde conducían, cuantas casas en los árboles se comunicaban así y cuantos de esos senderos los usaban también otros pueblos, como los próximos y temibles korowai. Los senderos ascendían cimas, bajaban desfiladeros y cruzaban pantanos, macizos de helechos primigenios que me superaban en altura y bosques de Carallia papuana."

I em fa pensar en els The songlines (Los trazos de la canción) de Bruce Chatwin (Uns apunts de "La nostalgia del espacio" on es parla dels nòmades i de The Songlines)


A: El turista desnudo, de Lawrence Osborne. Traducció de Magdalena Palmer. Gatopardo Ediciones. 2017. p. 231

La "koteka"

Koteka de Billga, CC BY-SA 3.0,
via Wikimedia Commons


 

La koteka és una funda per al penis i fa de protecció per a l’entrada de mals esperits. Sovint estan fetes amb carbasses de lagenaria siceraria; poden portar accessoris per embellir-lo. Existeixen diferents tipus segons l’activitat que es faci. Les tribus es diferencien per la forma; i el tamany, algunes poden ser força llargues, no fa de marcador social. 



"Los korowai, por las pocas fotografías que había visto, parecían mucho más elegantes [que els homes blancs contemporanis].Iban totalmente desnudos, salvo por las fundas de calabacín seco o de pico de cálao con que se cubrían el pene; los papúes llaman a esta funda "koteka" y con frcuencia es su única prenda." (p.206)

"Los kombai se reunieron delante de la veranda cargados con pipas de piel de lagarto y sus flechas de caña de azúcar. Las mujeres a un lado, con el pelo muy corto, rapado con cuchillos de bambú, y los hombres al otro. Estos iban de la mano, vestidos únicamente con kotekas blancos elaborados con picos de cálao* o bellotas partidas, y unos arcos imponentes cruzados a la espalda. Nos observamos en silencio." (p.221)

Lawrence Osborne i els seus companys també reben una invitació per portar-ne un:

"Avanzamos murmurando nari, nari, nari [salutació] y rozamos nuestras manos con la suya. Nuestro interlocutor se volvió de pronto encantador. Señaló nuestros penes y con una sonrisita preguntó:
-Ringi Bangus?
Siguió un momento de confusión, pero nos lo tradujeron rápidamente: “¿Os envolvemos el rabo?”.
Preguntamos por los detalles del procedimiento. Consistía en replegar el prepucio del miembro pecaminoso e introducir todo el órgano dentro del cuerpo. Al parecer, la primera vez que alguien lo hacía acababa vomitando y desmayándose, pero aquello, sin lugar a dudas, te hacía ser ser uno de ellos. Una vez efectuada esta operación, el miembro era lo bastante pequeño para que pudieran envolverlo. Los resultados eran de una gran elegancia, sin duda, pero tras una charla de diez segundos decidimos rechazar la oferta. El hombre chasqueó la lengua, decepcionado. Aquella no era la actitud. ¡Y eso que se había ofrecido a hacerlo él en persona!" (p.234)

*De la família dels lloros, amb plomes de molts colors i un bec recte i fort.

A: El turista desnudo, de Lawrence Osborne. Traducció de Magdalena Palmer. Gatopardo Ediciones. 2017. 

Els kakua-kumu, els bruixots kombai

“Suangi” es el termino indonesio para definir a un brujo. A los kombai les obsesionan los brujos, a los que denominan kakua-kumu. Los kakua-kumu son demonios que viven en la selva y que pueden adoptar forma humana, pero también la de un ratón, una zarigüeya o un pájaro. Los moribundos suelen mencionar a un kakua-kumu como responsable de su enfermedad, y entonces los kombai organizan una batida de caza y persiguen al brujo para matarlo. Cortan el kakua-kamu en cuatro partes; asan los sesos y las vísceras en piedras calientes y se los comen, y después entierran los cuatro pedazos en los cuatro ángulos del territorio del clan. Sólo había algo que debíamos evitar a toda costa en la selva: que nos tomaran por un kakua-kumu. Era casi tan malo como ser indonesio.

[…]

Para procesar a los brujos kombai se los somete a una serie de pruebas que le habrían resultado familiares a un europeo medieval. Se trata, en esencia, de un juicio por ordalía*. Se obliga a comer al sospechoso cosas repugnantes, como ranas y excrementos de cerdo, o incluso heces humanas, y su vomito decidirá su destino. También se toman en consideración señales y presagios. En cuanto a nosotros, los kombai no siempre iban a saber que éramos totalmente humanos, porque a ellos no se lo parecíamos. Era mejor lavarse lo menos posible y evitar durante un tiempo los champús y los productos para el afeitado, porque los habitantes de la selva consideran que a veces el champú huele un poco a suangi. Cuanto menos artificial fuese nuestro olor, más normales pareceríamos, más humanos.


*L'ordalia o judici de Déu consistia a invocar i a interpretar el judici de la divinitat a través de mecanismes ritualitzats i del tot irracionals.

A: El turista desnudo, de Lawrence Osborne. Traducció de Magdalena Palmer. Gatopardo Ediciones. 2017. p. 224

Els korowai i la seva cosmologia

 “Los vecinos korowai creen que el mundo está compuesto de tres círculos concéntricos. En el centro están los vivos y alrededor viven los muertos. El tercer círculo es una gran masa de agua que denominan El Gran Perro, donde moran los difuntos. Pero los kombai no parecían muy dispuestos a hablarnos de su cosmología, que consideraban un secreto sagrado que no debía revelarse a los forasteros. Se limitaron a contarnos su mito de la creación. Hace mucho tiempo, la raza humana vivía como larvas dentro de una gran bolsa de noken [bossa de nusos] en lo alto de un árbol. Se alimentaban de sagú [una mena de palmera i la fècula produida de la seva medula] hasta que un día, ya crecidas, las larvas salieron de la bolsa, aprendieron a multiplicarse y bajaron de la primigenia casa del árbol a la tierra.” 

A: El turista desnudo, de Lawrence Osborne. Traducció de Magdalena Palmer. Gatopardo Ediciones. 2017. p. 244

dijous, 5 de desembre del 2024

El turista nu, de Lawrence Osborne

Lawrence Osborne (1958) és un novel·lista i periodista britànic. Durant anys ha viscut a Polònia, França, Itàlia, el Marroc, els Estats Units, Mèxic, Tailàndia i Istanbul. Actualment viu a Bangkok.
A El turista nu hi trobem una reflexió sobre el viatge i el turisme actual, sobre la necessitat de conèixer el món i els altres, i les peripècies del viatge que el porta fins a les tribus de Papua Nova Guinea, "un dels llocs més perdut del món". I són aquests últims capítols els que he aprofitat per fer petits flaixos que ens poden il·luminar espais que desconeixem.
Escriptura àgil i fàcil de llegir. L'autor conserva en totes les situacions la capacitat de posar sempre en dubte la presència en llocs on no ens demanen: "aquí l'impostor sóc jo".
Referències a Lévi-Strauss i a Margaret Mead de qui acaba enamorant-se a partir de la lectura del llibre que l’acompaya durant el viatge: “Havia portat les Cartes de Mead, perquè no hi ha res millor que llegir l’obra més clàssica sobre Papua allà mateix". I reconeix que “Mead té una veu pròpia sobre l’acte de viatjar”. Anomena l'escriptora neozelandesa Keri Hulme i localitzo el llibre El Mar alrededor, sembla que és l'únic llibre seu traduït al castellà; queda pendent.


Viajero, antropólogo, turista

"Me asaltó de pronto, como un trastorno mental desconocido por la psiquiatría: el deseo de detenerlo todo en la vida cotidiana, desarraigarme y partir. Esa necesidad de abandonar el mundo tal y como es para buscar otro lugar quizá sea una enfermedad de inicios de la madurez, un atisbo prematuro de senilidad. Y entonces se hace el equipaje con un fatalismo amargo, como si supiéramos que ha llegado el momento de volver a ponerse en marcha y regresar al nomadismo. Se hace el equipaje, pero no hay ningún sitio adonde ir. Es como vestirse para una fiesta mucho después de que el salón de baile haya quedado reducido a cenizas. El deseo sigue ahí, pero el objeto del deseo ha dejado de existir."
[...]
"Recordar la sensación infantil de subir al coche familiar y partir a lugares desconocidos nos demuestra cuán difícil es recuperar la dimensión interna de la aventura. El viaje actual es como la comida rápida: incursiones breves e intensas que no dejan huella. En nuestra época, el turismo ha transformado el planeta en un espectáculo uniforme y nos ha convertido en extranjeros perpetuos que deambulan por la imitación de la imitación de un lugar al que una vez quisimos ir. Es la ley de los rendimientos marginales decrecientes."
[...]
“Mientras que el turista, al cabo de unas pocas semanas o meses, se apresura a regresar a casa, el viajero no tiene una casa a la que volver, por lo que se mueve despacio, a lo largo de años, de una parte a otra del mundo”, escribió Paul Bowles. Es una gran definición, aunque también podría decirse que marca la diferencia entre un turista y un antropólogo. Por lo tanto, aunque no me interese especialmente la antropología, empecé a sentirme atraído por lugares que la antropología, en cierto modo, seguía considerando “externos”". 

A l’epílog “En cualquier parte” reflexiona i planifica el proper moviment. Sempre la necessitat d'anar a una altra banda, a qualsevol altra banda.

"A lo largo de este viaje siempre había experimentado la misma sensación: no la de haber “estado fuera”, sino simplemente la de haberme desplazado por diferentes dimensiones de una única contemporaneidad humana. Después, transcurridos varios meses, en pleno invierno de Nueva York, me descubriría andando sonámbulo por mi piso, diciendo “¡Umbiago!” [salutació], mientras me sentaba en un rincón de la habitación esperando que empezase una historia kombai. Siempre es necesario exorcizarse tras un largo viaje, pero ya no tenemos sacerdotes ni chamanes en los que creer.
[…]
Todo estaba comprimido en mi memoria, donde le correspondía estar, donde nuestros viajes acaban siempre. Porque el viajero siempre olvida sus viajes.
Pero hay que seguir viajando. Decidí firmemente que el año siguiente iría a Madagascar, porque nunca había estado en Madagascar. Hasta había un Hilton allí, con vistas a algo llamado lago Anosy. En cualquier caso, el año que viene -me decía todos los días, mientras la música de los ukeleles me llegaba desde el escenario al pie de la laguna- estaré en otro lugar."

A: El turista desnudo, de Lawrence Osborne. Traducció de Magdalena Palmer. Gatopardo Ediciones. 2017. 

diumenge, 26 de novembre del 2023

Les fleuves immobiles. Voyage en pays papou, d'Stéphane Breton


Quadern de viatge intimista. No busquem les fites d'un recorregut. Somnis, percepcions, imatges, records. Els homes i els arbres d'un riu. Stéphane Breton, nascut el 1959, doctor en etnologia ha viatjat mesos pel riu Sepik, el més llarg de Nova Guinea.

La meva tria és del tot personal. M'agrada, no vol ser representativa, però em fa presents, gairebé tangibles els pensaments de l'autor durant el viatge per Nova Guinea i que podrien ser anàlegs en qualsevol altre viatge en condicions semblants i amb la mateixa actitud.


Les fleuves immobiles

Je ne suis pas un voyageur, je suis un voyeur sans âge.

*

Pour une fois, je me trouve digne d’intérêt. J’ai plaisir à m’écouter filer. Je laisse venir les choses à moi., j’attends, je ressens. Je fais tourner le monde sous ma langue comme un bonbon.

*

Le bruit : substance des villes indonésiennes, miel de l’animal humain, colle de ceux qui procréent sans vice.
D’abord des coups ; pas qui frappent le plancheur des pontons, font trembler les murs et resonnent sous les toits de tôle ; remue-ménage incessant ; choses qu’on déplace sans raison ; cosmogonie d’objets jetés. La ville étant bâtie sur une même planche, un homme qui titube à l’autre bout vous secoue dans votre lit. (…)
Des cri, des mots toujours criés, toujours trop forts. La parole se transforme en ordure qu’on évacue avec empressement, presque avec colère, comme un verset. À cela s’ajoute la musique que dès cinq heures du matin on entend couvrir tout, par l’effet d’une tyrannie de la mise en commun qui fait ne rien garder pour soi seul de ce qui peut être odieux pour les autres. (…)
La délicate petite mosquée de planches bleuies par le ciel, sortie d’un conte où nous sourit Sinbad, se transforme en une machine hurlante d’où se répandent des imprécations craintes par les pêcheurs asmat.
Au milieu de la nuit, dans la chambre à côte, un dormeur s’est fendu d’un grand râle d’animal blesse. Je crains le pire. Il ne va pas s’y mettre, lui aussi ! Puis il y eut le ricanement d’un voisin que l’obscénité de cette délivrance mettait en joie.
Au commencement était le bruit, le silence n’est venu que beaucoup plus tard, et à tâtons encore.
Cela écrit au petit matin, au moment de la pluie, mal réveille, furieux, l’esprit peuplé de rêves égorgés. Aujourd’hui je vais désespérer de pouvoir trouver jamais le calme et la solitude.

*

L’homme en rut est une magnifique bouteille remplie d’images. La femme est le raisin de mes doigts vignerons. Aimer est la cuve, ou le bouchon. L’affrèrement me dispense d’être docile, l’éclat de ma voix d’être seul.

*

La dernière image que je garderai de l’Indonésie : celle d’une boîte, bien fermée, dans laquelle on essaierait un à un tous les bruits.

*

Suivre la voie de mes certitudes impuissantes. Missionnaire pendant vingt ans. Je voudrais être capable d’attendre vingt années, immobile à l’ombre, sans craindre la sueur ni l’ennui qui dissout le temps. Peut-on vraiment devenir fou, à ne rien foutre ?

*

Ça y est ! nous sommes partis. Moi, la fièvre m’avait fait gagner quelques jours sur la pirogue. Est-ce nous qui prenons le fleuve, ou lui qui nous prend ?

Le vent bavard, le courant, je laisse filer mes doigts à la surface de l’eau. Il me faut dire, quan j’éprouve.

*

Je suis dans l’attente de quelque chose d’imprécis puis, reconnaissant que c’est absurde, je n’attends plus rien – et c’est encore pire. J’ai cru être importun.

*

Pieds du poète, poids de la tête.

*

Je fais à la terre, à la faveur de la nuit, un cadeau somptueux. Mai en allant me coucher, un doute horrible m’envahit : sans que je m’y fusse arrêté, en cet endroit précis, il aurait quand même poussé un arbre. À quoi bon l’homme ?

*

J’écris portant à l’ombre : je baigne dans ma sueur. Des mouches viennent baiser ma bouche. L’eau dégouline de mon front jusqu’à mon crayon, qui dépose une goutte entre chaque mot. Le papier boit ma sueur. Il retient un peu d’eau car il a soif : pour pousser sans doute, pour prendre racine et faire des feuilles. Peut-être plus tard un beau fruit, un livre si tout va bien. Ici tout pousse, même les hommes. 

*

La fumée de mon cigare assèche ma bouche. Ma bouche vide mon corps de son eau. Ainsi la gueule d’un chien haletant. Mon corps assèche la sueur qui oublie sur ma peau de petites couronnes de sel. Et j’ai soif. Ce soir il pleut. Suis-je la cause de toute cette eau ?

*

Un cochon dispute un coin d’ombre à une poule. Je n’ai jamais rien vu de plus  stupide. Ça me rappelle quelque chose, mais quoi ?

*

La géométrie non euclidienne est une science incertaine : c’est dans le vol des lucioles qu’elle trouve sa raison d’être.

*

Toujours ces gens qui nous attendent, suspendus, nous dévisageant : des pénitents silencieux, timides et fiers, arrêtes sur la berge. Je lève la main. Soudain, une foule de visages nous accompagne.

*

Je ne me sens libre que lorsque j’ai de la corne aux pieds. J’ai toujours rêvé qu’un fleuve me fasse une belle plaie dans la main.




Localització i recorregut del riu Sepik a Nova Guinea.


L’âme côte face : hier. L’âme côté pile :  demain.

*

Je suis reste trop longtemps assis, à lire et à apprendre. Je n’ai pour ainsi dire jamais travaillé. Je vais maintenant beaucoup marcher, et j’aurai le droit de m’assoupir à chaque étape. Je ne déteste rien tant que l’ennui causé par des pas inutiles. J’irai donc quelque part.

*

Il m’arrive parfois d’être inquiet : jusqu’à quel point la Nouvelle-Guinée, ainsi que les lichens, a-t-elle pu à mon insu se métamorphoser en poème automatique ?

*

On cueille au bord du chemin une feuille dont la coupe prêtera à l’eau du torrent une saveur doucereuse.

*

Cette pluie qui me protège, ses bras de soie, la douceur de soirs, le monde qui n’enferme autre que moi, mon souffle sous la voûte d’une solitude fraîche et paisible – cette pluie qui me protège, je voudrais bien qu’il n’y eût plus qu’elle.

*

La sueur des ouvriers d’un chantier a fait tourner le miel d’une ruche voisine. On aurait dit des fleurs. Chaque fois qu’ils sont dans les bras de leur dieu, les homes puent.

*

Je suis une graine des déserts, je viendrai à la fleur quand tous aurons déjà séché.

*

Leur forêt vierge : une maison dont la porte est fermée et la fenêtre ouverte.

*

Je me suis exclu de toute forme de communication. Il ne me restera plus, pour être encore un animal social, que l’injure et l’accouplement.

*

L’homme aussi est une flèche tendue vers la nuit. Il n’y peut mais : c’est cela qui l’accable.

*

Ce que la plaine consent de nous prêter, c’est un ciel, et la nuit : des étoiles qui, voyant une foule d’incertitudes cligner des yeux vers elles, font de même. Cet échange de politesses est inutile.
Car, je ne connais pas ces constellations béates, ignore le nord du sud, ne sais d’où vient le jour, ni passant par quels points il décrira son orbe, aime avant tout l’attente, dors avec les criquets, marche par entêtement.
Maintenant descendus, dans la sphère des envers nous sommes, et ce n’est plus de mesure dont nous avons besoin.
L’odeur de la terre mouillée s’élevé autour de nous.

*

Je sens ce pays qui me quitte comme une femme, qui se retire de moi, alcool des marées, ou moi d’elle, me laissant seul et désolé.
Comme il est haut, et ses nuages, le ciel de ma tristesse…

Les fleuves immobiles. Voyage en pays papou. Stéphane Breton. Calmann-Lévy. Diverses pàgines.