Alejandría, gran ciudad de Egipto
La gran ciudad de Alejandría fue, como se sabe, fundada por Alejandro el Grande, que la construyó según los planos de célebres y hábiles arquitectos en un bello paraje, en una punta que entra en el Mediterráneo, a 40 millas del Nilo por el oeste. Sin ninguna duda, por la importancia y belleza de sus palacios y casas, fue una ciudad más noble que ninguna otra, conservando esta fama muchísimo tiempo, hasta que cayó en manos de los mahometanos. En el curso de los siglos sobrevino su decadencia y perdió su antigua categoría porque ya no hubo un mercades de Grecia o Europa que pudiera comerciar allí, de suerte que quedó casi despoblada. Pero un astuto califa mahomentano aseguró, mediante una superchería, que mahoma, en una profecía, había concedido múltiples indulgencias a la población de Alejandría, a quienes acudieran para asegurar la custodia de la ciudad y a los que dieran limosnas. Al poco se llenó de pobladores, gentes extranjeras y personas de todas clases venidas en procura de las indulgencias*. Toda esta gente dispuso alojamientos en las torres de la muralla, construyó varios colegios para los estudiosos de letras y varios cenobios para los religiosos venidos por devoción.
La ciudad es de planta cuadrada, con cuatro puertas, una al este, por el lado del Nilo; otra al sur, hacía el lago Buchaira; la tercera al oeste por el lado del desierto de Barca; la cuarta hacía la marina, donde se encuentra el puerto. En la puerta de la Marina están los guardas y funcionarios de la aduana, los cuales registran a la gente hasta los calzones, porque en la aduana de esta ciudad incluso los dinares pagan un tanto por ciento como si fueran mercancías. Además existen cerca de los muros dos puertas unidas entre sí por una avenida y una fortisima ciudadela situada a la entrada del puerto, llamada Marsa el Borgi, es decir el puerto de la torre, donde fondean los navíos más bellos y de más importncia, tales como los buques genoveses, venecianos y de Ragusa, así como otros barcos europeos. Habitualmente recalan en Alejandría hasta navíos de Flandes, de Inglaterra, de Vizcaya, de Portugal y de todas las costas de Europa; pero los más numerosos son los italianos, sobre todo los de Apulia y Sicilia, y también los de Grecia, es decir turcos, que llegan juntos a este puerto para ponerse al abrigo de corsarios y tempestades. Hay otro puerto llamado Marsa es Silsela, lo que significa “puerto de la cadena”, donde fondean los navíos procedentes de Berbería, de Yerba y de otros lugares.
Los cristianos pagan de derechos de aduana el diezmo y los musulmanes el cinco por ciento, tanto al entrar como al partir, pero no se pagaba gabela alguna por las mercancías que se transportan por tierra a El Cairo. Este puerto es hoy día la parte más noble y famosa que la ciudad tuvo, por estar próxima a la capital, donde se vende gran cantidad de productos. Pese a la afluencia de mercaderes de los cuatro puntos cardinales, la ciudad no està muy civilizada ni poblada. En la larga estrada que comunica la puerta de levante con la de poniente se hallan muchas tiendas y alhóndigas donde se albergan los cristianos, pero el resto está destruido porque, tras liberar el Soldán a Ludovico, cuarto rey de Francia, el rey de Chipre junto con ciertos venecianos y franceses asaltaron Alejandría por sorpresa y tras conquistarla, la arrasaron, matando número infinito de personas. El Soldán a la cabeza de un gran ejercito acudió a socorrerla y los cristianos, considerando que no podían mantener su conquista,le metieron fuego y se marcharon. El Soldán restauró la muralla lo mejor que pudo y fortificó la ciudadela y paso a paso la fue dejando en el estado que hoy se ve.
Dentro de la ciudad hay una altísima colina semejante a la del Testaccio de Roma, donde se encuentran numerosos jarrones antiguos y, en verdad, es un montículo artificial. En esta altura hay una atalaya donde permanece un vigía que observa los navíos que pasan. Por cada navio que señala a los funcionarios de la aduana, cobra cierta prima; si se duerme o se va a pasear y llega a lgún barco que no haya señalado, se le condena a una multa del doble de su prima, multa que percibe el tesoro del soldán.
Casi todas las casas de Alejandría están construidas sobre aljibes abovedados sostenidos por columnas y arcos y el agua del Nilo llega hasta esas cisternas: en el momento de la crecida, el agua viene por un canal artificial excavado en la llanura, desde el Nilo a la ciudad, en la que penetra pasando bajo la muralla, para terminar desembocando –como acabamos de señalar- en los aljibes.
En lo concerniente a sus recursos, Alejandría se halla en medio de un desierto arenoso, de suerte que carece de cultivos, de majuelos o huertas y el trigo debe traerse de una distancia de 40 millas, aunque junto al canal que conduce el agua del Nilo existen huertos cuyos productos son perjudiciales y en la época en que se consumen, las gentes padecen de fiebres y otras enfermedades. A unas 6 millas de la ciudad, en dirección oeste, hay edificaciones muy antiguas, entre las cuales destaca una columna muy gruesa y alta que en árabe se conoce como Hemadussaoari**, es decir la columna de los pilares. En las historias que hablan de las maravillas del mundo se cuenta que en tiempos de Alejandro un rey llamado Ptolomeo la erigió para asegurar a la ciudad de asechanzas de enemigos, e hizo colocar en la cúspide un gran espejo de acero, de manera que cualquier barco que cayera bajo los destellos de tal espejo ardía de inmediato, si la superfície estaba destapada; pero el espejo se arruinó cuando los musulmanes entraron en África y la leyenda afirma que el causante fue un judío que lo restregó con ajo.
Todavía hay en Alejandría, entre los habitantes más antiguos, muchos de esos cristianos denominados jacobitas que tienen su propia iglesia, la cual reconstruida en múltiples ocasiones, subsiste hasta hoy y allí fue inhumado el cuerpo de San Marcos Evangelista, traidoramente arrebatado en 829 por mercaderes venecianos y conducido a Venecia. Todos estos jacobitas son comerciantes y artesanos y pagan tributo al soberano de El Cairo. No debe descuidarse la mención –en el centro de la urbe y rodeada de ruinas- de una casilla baja, a modo de capilla, en la cual se halla una sepultura muy venerada por los musulmanes, donde se conservan luminarias día y noche. Se dice qu aquella es la tumba de Alejandro el Grande, que fue profeta y rey, según la loca pretensión de Mahoma en el Corán. Allí acude multitud de extranjeros de países lejanos para contemplar este mausoleo y cumplir sus devociones, dejando muy considerables limosnas.
No hablaré de muchas otras cosas notables por no estirar esta obra de guisa que resultase pesada y enojosa para el lector.
*El traductor ens diu que és una història imaginària.
**El traductor diu diu que Ibn Battuta cita la Columna de los Pilares i que l’autor la confon amb el Far.
A: Descripción general del África y de las cosas peregrinas que allí hay, de Juan León Africano; Traducción, introducción y notas: Serafín Fanjul. Junta de Andalucía. 2004. p.485