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dijous, 4 de juliol del 2013

Senyores de Roma, segons Montaigne

Aquellos días pudieron verse a gusto todas las gentiles damas de Roma: pues en Italia no se enmascaran como en Francia y se muestran totalmente al descubierto. En cuanto a la belleza perfecta y singular, no hay, decía más que en Francia, y, salvo en tres o cuatro, no encontraba allí ninguna excelencia; pero en general son más agradables y no se ven tantas feas como en Francia. La cabeza la llevan acicalada con mucha más gracia, así como la parte del cuerpo situada por debajo de la cintura. El cuerpo está mejor en Francia: pues aquí llevan la cintura demasiado suelta, como nuestras mujeres embarazadas, y su apariencia tiene más majestuosidad, suavidad y dulzura. No hay comparación posible entre la riqueza de sus vestidos y los nuestros: los suyos están llenos de perlas y de pedrería. En todos los lugares donde se dejan ver en público, sea en un carruaje, en una fiesta o en el teatro, están separadas de los hombres: sin embargo existen danzas enlazadas bastante libres, en las que hay ocasiones de charlar y tocarles la mano.

A: Diario de viaje a Italia por Suiza y Alemania en 1580 y 1581, de Michel de Montaigne. Edició i Traducció de Santiago R. Santerbás. Cátedra. Letras universales. p. 218

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