Las calles de la bella Florencia son de una perfección austera y sombría; y las moles de los edificios antiguos proyectan tal cúmulo de sombras sobre el suelo y en el río, que siempre existe otra ciudad diferente de fantasías y formas espléndidas tendida a nuestros pies. Palacios prodigiosos, construidos para la defensa, con pequeñas ventanas recelosas enrejadas y muros de gran grosor formados por enormes masas de piedra sin pulir, miran ceñudos todas las calles con su antigua dignidad huraña.
A: Estampas de Italia, de Charles Dickens. Traducció Ángela Pérez. Alba Editorial.
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