Lawrence Osborne (1958) és un novel·lista i periodista britànic. Durant anys ha viscut a Polònia, França, Itàlia, el Marroc, els Estats Units, Mèxic, Tailàndia i Istanbul. Actualment viu a Bangkok.
A El turista nu hi trobem una reflexió sobre el viatge i el turisme actual, sobre la necessitat de conèixer el món i els altres, i les peripècies del viatge que el porta fins a les tribus de Papua Nova Guinea, "un dels llocs més perdut del món". I són aquests últims capítols els que he aprofitat per fer petits flaixos que ens poden il·luminar espais que desconeixem.
Escriptura àgil i fàcil de llegir. L'autor conserva en totes les situacions la capacitat de posar sempre en dubte la presència en llocs on no ens demanen: "aquí l'impostor sóc jo".
A El turista nu hi trobem una reflexió sobre el viatge i el turisme actual, sobre la necessitat de conèixer el món i els altres, i les peripècies del viatge que el porta fins a les tribus de Papua Nova Guinea, "un dels llocs més perdut del món". I són aquests últims capítols els que he aprofitat per fer petits flaixos que ens poden il·luminar espais que desconeixem.
Escriptura àgil i fàcil de llegir. L'autor conserva en totes les situacions la capacitat de posar sempre en dubte la presència en llocs on no ens demanen: "aquí l'impostor sóc jo".
Referències a Lévi-Strauss i a Margaret Mead de qui acaba enamorant-se a partir de la lectura del llibre que l’acompaya durant el viatge: “Havia portat les Cartes de Mead, perquè no hi ha res millor que llegir l’obra més clàssica sobre Papua allà mateix". I reconeix que “Mead té una veu pròpia sobre l’acte de viatjar”. Anomena l'escriptora neozelandesa Keri Hulme i localitzo el llibre El Mar alrededor, sembla que és l'únic llibre seu traduït al castellà; queda pendent.
Viajero, antropólogo, turista
"Me asaltó de pronto, como un trastorno mental desconocido por la psiquiatría: el deseo de detenerlo todo en la vida cotidiana, desarraigarme y partir. Esa necesidad de abandonar el mundo tal y como es para buscar otro lugar quizá sea una enfermedad de inicios de la madurez, un atisbo prematuro de senilidad. Y entonces se hace el equipaje con un fatalismo amargo, como si supiéramos que ha llegado el momento de volver a ponerse en marcha y regresar al nomadismo. Se hace el equipaje, pero no hay ningún sitio adonde ir. Es como vestirse para una fiesta mucho después de que el salón de baile haya quedado reducido a cenizas. El deseo sigue ahí, pero el objeto del deseo ha dejado de existir."
[...]
"Recordar la sensación infantil de subir al coche familiar y partir a lugares desconocidos nos demuestra cuán difícil es recuperar la dimensión interna de la aventura. El viaje actual es como la comida rápida: incursiones breves e intensas que no dejan huella. En nuestra época, el turismo ha transformado el planeta en un espectáculo uniforme y nos ha convertido en extranjeros perpetuos que deambulan por la imitación de la imitación de un lugar al que una vez quisimos ir. Es la ley de los rendimientos marginales decrecientes."
[...]
“Mientras que el turista, al cabo de unas pocas semanas o meses, se apresura a regresar a casa, el viajero no tiene una casa a la que volver, por lo que se mueve despacio, a lo largo de años, de una parte a otra del mundo”, escribió Paul Bowles. Es una gran definición, aunque también podría decirse que marca la diferencia entre un turista y un antropólogo. Por lo tanto, aunque no me interese especialmente la antropología, empecé a sentirme atraído por lugares que la antropología, en cierto modo, seguía considerando “externos”".
A l’epílog “En cualquier parte” reflexiona i planifica el proper moviment. Sempre la necessitat d'anar a una altra banda, a qualsevol altra banda.
"A lo largo de este viaje siempre había experimentado la misma sensación: no la de haber “estado fuera”, sino simplemente la de haberme desplazado por diferentes dimensiones de una única contemporaneidad humana. Después, transcurridos varios meses, en pleno invierno de Nueva York, me descubriría andando sonámbulo por mi piso, diciendo “¡Umbiago!” [salutació], mientras me sentaba en un rincón de la habitación esperando que empezase una historia kombai. Siempre es necesario exorcizarse tras un largo viaje, pero ya no tenemos sacerdotes ni chamanes en los que creer.
[…]
Todo estaba comprimido en mi memoria, donde le correspondía estar, donde nuestros viajes acaban siempre. Porque el viajero siempre olvida sus viajes.
Pero hay que seguir viajando. Decidí firmemente que el año siguiente iría a Madagascar, porque nunca había estado en Madagascar. Hasta había un Hilton allí, con vistas a algo llamado lago Anosy. En cualquier caso, el año que viene -me decía todos los días, mientras la música de los ukeleles me llegaba desde el escenario al pie de la laguna- estaré en otro lugar."
A: El turista desnudo, de Lawrence Osborne. Traducció de Magdalena Palmer. Gatopardo Ediciones. 2017.
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