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dimecres, 12 de març del 2025

De com Orhan Pamuk descobreix el plaer de pintar

El placer de pintar

Un tiempo después de empezar la escuela, descubrí que pintar me proporcionaba un gran placer. Pero puede resultar un tanto equívoco usar el ver “descubrir” en el sentido de encontrar algo que ya estaba ahí pero que ignorábamos que estuviera, como en el caso del descubrimiento de América.  Dentro de mí tenía el talento y la afición por la pintura pero aún no los había desenterrado cuando empecé la escuela. Sería más correcto decir que fue un invento el que la pintura fuera para mí algo placentero y apasionante. También fueron un invento la disposición espiritual y la capacidad que llamamos “talento”. Porque no existía tal cosa.
O sí existía pero no tenía importancia. Sentí que pintar podía ser placentero y me puse muy contento. Eso era lo importante.
Años después, una noche le pregunté a mi padre cómo habían descubierto que yo tenía talento para la pintura. “Dibujaste un árbol -me contestó-, y luego le pusiste una corneja en una rama. Tu madre y yo nos miramos. Porque la corneja del dibujo estaba posada en la rama como una de verdad.”
Aunque no explicara del todo lo ocurrido e incluso pudiera llamar a engaño, me gustó la historia y me la creí de inmediato.


A: Estambul. Ciudad y recuerdos, d'Orhan Pamuk. Literatura Mondadori. p. 172

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