"Si debiéramos interrogarnos -con alguna obvia aproximación- sobre qué ha sido Chatwin, o mejor aún a qué universo literario ha pertenecido, acabaríamos tropezando con un cuadro fragmentadísimo e incompleto. Como también incompleta y versátil resultó ser su vida.
No fue un confesor del destino ni un maestro espiritual de moralidad indiscutible. Quizá con el tiempo -si bien dudamos de semejante resultado- habría podido llegar a serlo en virtud de las tardías inclinaciones religiosas que manifestó. […] Durante los años en que vivió y tuvo éxito -años de enfáticas sustituciones y deprimentes suplencias- Chatwin resultó ser un caso difícilmente catalogable. ¿Fue un viajero? ¿Un escritor? ¿Un dandi? ¿Un rufián? ¿Un coleccionista? ¿Un petimetre? ¿Un frustrado? ¿Un genio un talentoso? ¿Un simple cartel? A él nunca se le habría ocurrido ser algo distinto de lo que efectivamente fue: un hijo tardío del siglo xx, que con un golpe de aguda clarividencia había sabido sustituir la pregunta: “¿Quién soy yo?” por la otra mucho más leve de: “¿Qué hago yo aquí?”"
A: La nostagia del espacio, de Bruce Chatwin i Antonio Gnoli. Traducció de Juan Carlos Gentile Vitale. Los tres mundos. Seix Barral. 2002. (p.39)
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