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dimarts, 2 de juliol del 2013

Montaigne llegeix sobre Roma

Durante todos aquellos días solo se ocupó de instruirse sobre Roma. Al principio había tomado un guía francés; pero, habiéndose despedido éste por alguna razón absurda, él se empeñó en llegar a dominar por su propio esfuerzo esa materia, con la ayuda de diversos mapas y libros que se hacía leer por la noche, y de día iba a poner en práctica sobre el terreno lo que había aprendido; así que, en pocos días, hubiera podido fácilmente guiar a su guía.
Decía que de Roma no se veía más que el cielo bajo el que había estado situada y el plano de su asentamiento; que el conocimiento que tenía de ella era una ciencia abstracta y contemplativa, en la que no había nada que percibieran los sentidos; que los que decían que al menos se veían las ruinas de Roma decían demasiado; pues las ruinas de un aparato tan temible proporcionarían más honor y respeto a su memoria: esto no era más que un sepulcro.

A: Diario de viaje a Italia por Suiza y Alemania en 1580 y 1581, de Michel de Montaigne. Edició i Traducció de Santiago R. Santerbás. Cátedra. Letras universales. P. 211

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