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dimarts, 27 d’agost del 2024

L'ascensió al Mont Ventoux, de Petrarca


Francesco Petrarca
 per Theodor de Bry / Rijksmuseum

L'ascensió al mont Ventoux* és una carta breu que Petrarca escriu al seu assessor espiritual - Ad Dyonisium de Burgo Sancti Sepulcri ordinis sancti Augustini et sacre pagine professorem, de curis propiis- sobre els sentiments  que sent durant l'ascensió a la muntanya i les reflexions posteriors que li porten el llibret de les Confessions de Sant Agustí.

S’ha considerat aquest text com el primer text muntanyenc, és a dir el text d’algú que puja una muntanya pel plaer de la superació personal sense cap interès pràctic.

L’ascensió sembla que es va dur a terme, però encara que només fos un recurs literari l’hem de valorar ja que representa un canvi en la visió de la muntanya, del paisatge i de la natura en general.

L’autor té en compte el paisatge com a element estètic i alhora és capaç d’entendre’l com a part de la naturalesa. Cal tenir en compte que Petrarca era geògraf i cartògraf i part tanta valorava aquest coneixement directe del territori.

(L'edició utilitzada té una interessant introducció d'Eduardo Martínez de Pisón, catedràtic emèrit de Geografia.)

*El Mont Ventoux és una muntanya  dels Alps francesos, a 45 km al nord-est d'Avinyó i de 1911 metres d'alçada. El cim és de pedra calcària blanca i gairebé sense vegetació. Actualment s'arriba amb carretera fins el cim on hi ha diverses antenes. Sovint és part d'una etapa a la cursa ciclista del Tour de França.



Sis paràgrafs de L'ascensió al mont Ventoux


Hoy, llevado solo por el deseo de ver la extraordinaria altura del lugar, he subido al monte más alto de esta región, al que no sin razón llaman “Ventoso”. […] Por fin tuve el impulso de hacer de una vez lo que me proponía hacer todos los días, sobre todo después de que, leyendo el día anterior en Tito Livio la historia de Roma, di casualmente con aquel pasaje en el que Filipo, rey de Macedonia -el que hizo la guerra al pueblo romano-, sube al Hemo, un monte de Tesalia, creyendo -como era fama-  que desde su cumbre se veían dos mares, el Adriático y el Ponto Euxino. […]

Salimos de casa el día previsto y hacía el atardecer llegamos a Malaucène: un lugar que esta al pie del monte, mirando el norte. Pasamos allí un día y hoy por fin, con sendos criados, hemos subido al monte, aunque no sin gran dificultad, pues es una mole de tierra pedregosa, escarpada y casi inaccesible; […] En el camino nos asistía un día largo, un aire agradable, buen ánimo, fuerza y destrezas físicas y todas esas cosas: solo se nos oponía la naturaleza del lugar. […]

Apenas habíamos dejado atrás aquel montículo y hete aquí, que olvidado de mis anteriores rodeos, otra vez empiezo a bajar y, después de recorrer algunos valles buscando caminos de fácil largura, voy a dar en una larga dificultad. Obviamente, intentaba aplazar el esfuerzo de la subida, pero el ingenio humano no puede anular la realidad ni es posible que algo corpóreo llegue a un lugar alto descendiendo. […]

La cima más alta de todas es una que los naturales llaman “El hijito”; el porqué lo ignoro, a no ser que sea por antífrasis, […] En su cumbre hay una pequeña planicie: fatigados, allí descansamos por fin. […] Primero, debido a cierta insólita sutileza del aire y a la visión de aquel vasto espectáculo, me quedé como pasmado. Miro alrededor: las nubes estaban bajo nuestros pies; el Atos y el Olimpo empezaban a hacérseme menos increíbles, fuerza y destrezas físicas y todas esas cosas: solo se nos oponía la naturaleza del lugar. […] Dirijo después la mirada hacía tierra italiana, adonde más se inclina mi ánimo; los Alpes mismos, pétreos y nevados […] me pareció que estaban muy cerca, aunque lo cierto es que se hallan a gran distancia. […]

Las cumbres de los Pirineos, frontera entre Francia y España, no se ven desde allí, no -que yo sepa- porque se interponga ningún obstáculo, sino simplemente por la debilidad de la vista de los mortales; pero se veían muy claramente, a la derecha, los montes de la provincia de Lyon y, a la izquierda, el mar de Marsella y el que azota Aigues Mortes, todos ellos a varios días de camino; también el Ródano estaba bajo nuestros ojos. […]

Entonces, pensando que ya había visto bastante aquel monte, volví hacia mí mismo los ojos interiores y desde aquel momento no hubo quien me oyera hablar hasta que llegamos abajo; […]


De: La ascensión al Mont Ventoux, de Francesco Petrarca. Traducció d'Iñigo Ruiz Arzalluz. Introducció d'Eduardo Martínez de Pisón. La linea del Horizonte. 2022.

 

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Fotografia del Mont Ventoux d'Eric Huybrechts.
https://www.flickr.com/photos/15979685@N08/




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