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dissabte, 1 de novembre del 2025

Arribada a Tombouctou de Ryszard Kapuściński

"Una vez en Mopti, lo más difícil resultó ser llegar a Tombuctú. El camino a través del desierto estaba cortado por el ejercito porque en alguna parte de la zona seguían librándose combates. Aunque no era imposible llegar hasta aquellos parajes, la hazaña exigía semanas. Quedaba el pequeño avión de Air Mali que volaba de manera irregular, de vez en cuando, una vez por semana o por mes. En esta parte del mundo, el tiempo no tiene medida alguna, ningún punto de referencia, tampoco unos contornos o un tempo. Se funde, se deslavaza, resulta difícil atraparlo, imponerle una forma. Aún así, sobornando al jefe del aeropuerto de Mopti, conseguí una plaza en el avión. Vuela uno por encima de un Sáhara lunar, irreal, lleno de líneas y signos secretos. El desierto claramente nos dice algo, nos comunica cosas, pero ¿cómo comprenderlo? ¿Qué significan esas dos líneas rectas que han aparecido de repente sobre la arena y que desaparecen acto seguido, de manera igual de repentina? ¿Y los círculos? ¿Toda esa cadena de círculos tan simétricamente dispuestos? ¿Y esos zigzags, triángulos y rombos quebrados y luego esas líneas elípticas y enrolladas? ¿Serán huellas de caravanas perdidas? ¿Asentamientos humanos? ¿Campamentos? Pero ¿cómo se puede vivir en esta plataforma ardiente? ¿Qué camino tomar para llegar hasta allí? ¿Por dónde huir?

En Tombuctú, tomamos tierra encarando directamente los cañones de las piezas de artillería antiaérea que vigilaban la pista de aterrizaje. Tombuctú es hoy una pequeña ciudad de chozas de barro levantadas sobre la arena. Puesto que el brro y la arena tienen el mismo color, la ciudad aparece como parte inseparable del desierto: un fragmento del mismo que, formando bloques rectangulares, se eleva por encima del Sáhara. El calor es tal que, prácticamente, resulta imposible moverse. El sol coagula la sangre, entumece y paraliza. En las callejuelas de Tombuctú, angostas, recónditas y llenas de arena, no encontré ni un alma. Pero sí una casa en la que se leía la información de que allí, desde septiembre de 1853 hasta mayo de 1854, había vivido Heinrich Barth. Barth, uno de los mas grandes viajeros del mundo. Viajo en solitario por el Sáhara durante cinco años y escribió un diario en el que dejó una descripción de este desierto. Enfermo y perseguido por los ladrones, se había despedido de la vida en varias ocasiones. Amenazado de muerte por la sed, se cortaba las venas y, para no morir de sed, bebía su propia sangre. Regreso a Europa, donde nadie supo valorar la hazaña que había llevado a cabo. Amargado a causa de ello, aunque también agotado por las penalidades del viaje, murió en 1865, a los cuarenta y cuatro años de edad, sin haber comprendido que la imaginación humana no había sido capaz de alcanzar la frontera que és había traspasado en el Sáhara."

A: Ébano, de Ryszard Kapuściński. Traducció del polonès d'Agata Orzeszek i Roberto Mansberger Amorós. Editorial Anagrama. 2016 (p. 301)


El viatge personal de Mopti a Bamako: Aeroport de Mopti Ambodédjo, Malí


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